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Una ciudad protectora de los menores


Para muchos niños panameños la infancia no es la etapa más feliz de su vida. Miles y miles de ellos nacen o viven en pobreza extrema o indigencia, que se agrava en áreas rurales e indígenas.
Ante esta realidad, y cuando de este contexto de miseria y olvido gubernamental emergen del seno familiar limitaciones como el abandono, enfermedad física o mental, negligencia, maltrato o numerosos miembros, se hacen necesarios programas con alternativas efectivas y especiales.
Con la profunda visión del sacerdote José María Aguirre, el apoyo incondicional de la Primera Dama de la época, Petita Saa de Robles y la generosa donación de un globo de terreno de 130 hectáreas por parte de María Icaza, abre sus puertas en mayo de 1968 en La Chorrera, La Ciudad del Niño, organización no gubernamental sin fines de lucro que brinda sus servicios todos los días del año, desde que se inició con 78 niños hasta hoy, que da atención a 219 infantes y adolescentes.
Entre los objetivos de La Ciudad del Niño, según su administrador Fortunato Peirotén, quien tiene 28 años en el cargo, está proteger al menor de un ambiente familiar incapaz, negligente u hostil; al igual, que desarrollar en él, las habilidades necesarias para una vida adulta independiente, manteniéndose integrado en la familia, escuela, amigos y trabajo.
El ingreso del menor depende de un comité formado por psicólogos y trabajadores sociales, quienes agotan todas las opciones para la obtención de datos, realizan visitas domiciliarias y entrevistas con el menor, para elaborar su plan personal.
A La Ciudad del Niño pueden ingresar infantes desde los 5 años y pueden estar hasta los 18 años. Son distribuidos por edad en 11 residencias al cuidado de una monitora, capaz y responsable de su atención, donde reciben una vida adecuada, alimentación, vestido, salud, educación, recreación, deportes y sana diversión, manifestó Peirotén.
Con la acreditación del Ministerio de Educación, el Centro Vocacional María Icaza de La Ciudad del Niño consta de talleres como: panadería, sastrería, hortaliza, informática, ebanistería, coreografía, soldadura; además de seguir la educación formal en planteles de La Chorrera. "Los adolescentes adquieren en estos talleres, habilidades y destrezas que le permitirán desarrollar su identidad ocupacional y desempeñarse dentro de la economía formal e informal a su salida de La Ciudad del Niño", agregó Fortunato Peirotén.
Para el administrador de La Ciudad del Niño, es importante que los menores mantengan estrecha relación con sus familias, que por nada, cuando existe, debe ser reemplazada.
Las familias pueden visitar a los niños sin límite de horarios o días establecidos y los que viajan de lugares distantes, reciben alojamiento y comida. Cada fin de semana y durante las vacaciones, los niños pueden trasladarse al hogar para estar con su familia.


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192135
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América