La maestra Amarilis Janeth González Caballero, de 36 años, es un ejemplo de que cuando se quiere se puede, y que no hay nada que puede obstaculizar las metas que nos proponemos.
Amarilis nació con sus brazos más cortos, pero esto no ha sido impedimento para que se desenvuelve igual que cualquier persona, y dice que jamás se ha sentido acomplejada.
"Pienso que hay personas que creen que porque estamos así, no podemos hacer las cosas, o que soy menos inteligente, eso no es cierto por que he demostrado que no hay diferencia entre los demás", dijo la educadora.
La joven, que nació en Chiriquí, ya forma parte de la familia colonense, ya que lleva 6 años de ejercer el magisterio en esta provincia. Primero laboró tres años en la Costa Arriba, sector de Cuango, y actualmente lleva otros tres más en la Escuela República del Paraguay en Colón.
Aseguró que estar en Colón ha sido muy productivo, ya ha hecho parte de su vida, y ha encontrado muy buenos amigos que le han enseñado que no hay nada mejor que luchar cuando se quieren las cosas.
La educadora dicta clases a los estudiantes del IV B de la escuela República del Paraguay, donde es muy querida por sus alumnos, que comentaron que su maestra es bonita, y es muy dulce para enseñarles.
De igual forma, los compañeros de Amarilis la definieron como una educadora cooperadora y con un buen sentido del humor, no hay nada que la haga sentir mal.
La maestra usa la tiza para escribir en el pizarrón sin la ayuda de nadie. Comenta que califica los ejercicios, tareas y que puede abotonarse y subirme el zipper, "aunque muchos piensan que no puedo hacerlo".
Amarilis además de educadora, es madre. Tiene un hijo de 7 años, llamado Manuel González, quien es la adoración de su vida.
Amarilis profesa un profundo amor por su hijo, por quien reza todos los días. Pese a la distancia, porque vive con su abuela Cecilia de González en Chiriquí, ella desde Colón le envió muchos besos. Por eso, las vacaciones de medio año, y de diciembre, las comparte con su familia en Chiriquí que la espera con los brazos abiertos.
No cabe duda que en la vida hay que esforzarse y afrontar los retos con una actitud positiva e imprimirle amor a lo que hacemos. Sólo así habremos alcanzado el éxito.