Entre juegos de infancia, -con la pícara sonrisa de una niña traviesa, que soñaba con ser enfermera-, transcurrían los días de Noemí González, una pequeña de siete años cuyas ilusiones fueron truncadas por una negligencia médica que acabó con las metas y esperanzas del futuro prometedor que sus padres querían para ella.
Entre sollozos y lágrimas, la señora Paula, madre de "Mimi" como cariñosamente le llaman sus familiares y amigos, recuerda que su hija era una niña normal, feliz, juguetona y traviesa. De acuerdo con la señora Paula, el único padecimiento de Mimi era un problema con las adenoides, lo que le provocaba agitaciones continuas.
Con el propósito de terminar con el problema que le provocaban las adenoides, el especialista la refirió para una cirugía urgente, ya que las adenoides estaban muy grandes, pero lo que jamás los familiares de "Mimi" pensaron, era que ese 13 de junio del 2001, cuando la metieron al salón de operaciones del Hospital El Vigía, su futuro cambiaría por completo.
"Pensaba que era una cirugía normal; mi hija estaba bien cuando entró al salón de operaciones y dos horas más tarde me avisaron que había sufrido un paro", cuenta con tristeza la madre.
Indica que ella confió en los médicos y en la seguridad que le dieron de que todo iba a estar bien, sin embargo, su hija no despertó de la anestesia y se la entregaron inmóvil, sumergida en un sueño profundo y totalmente desconectada del mundo.
Después de dos días de silencio total de la pequeña y a falta de explicaciones por parte de los médicos sobre lo que realmente sucedió en aquel salón de operaciones, los familiares de "Mimi" decidieron trasladarla a la ciudad capital en busca de alguna luz que les alumbrara el camino de oscuridad donde la habían sumergido y allí estuvo durante dos meses recibiendo atención médica.
El señor Cecilio González, padre de la pequeña y su madre, aún sufren el dolor que sintieron cuando los médicos en la capital no les dieron esperanza y les dijeron que todo era producto de una reacción por la anestesia y que en estos casos muy pocas personas sobreviven. "Jamás nos resignamos y nos aferramos a la esperanza que nos daba Dios de mejores días para nuestra hija", sostienen.
Para la familia y los amigos de Mimi fue muy difícil verla llegar inmóvil, postrada en una cama y sin poder hablar. Extrañaban a la niña juguetona y entusiasta que en una humilde casa en la barriada El Rosario, corregimiento de Llano Bonito, se había convertido en la alegría de quienes la conocían.
A más de un año del trágico hecho, nadie ha respondido por esto y gracias al amor de Dios, a los cuidados de sus padres, familiares y amigos, Mimi tiene vida, y actualmente se encuentra en una milagrosa recuperación. Ha vuelto a dar pasos, entiende cuando le hablan, puede comer por sí sola, juega respaldada por su madre y hermanita, y aún sueña con volver a su escuela.
Con una amable sonrisa, durante la entrevista Mimi contó del uno al 10 y recitó las vocales con gran alegría, repitiendo en su dificultoso lenguaje que quiere ir a la escuelita, por lo que este año sus padres están considerando llevarla al Instituto Panameño de Habilitación Especial (IPHE), donde imparten aprendizaje para niños especiales.
Sus padres señalan que seguirán adelante, porque tienen la fe y la esperanza de que su hija vuelva a ser lo que era antes del 13 de junio del 2001, cuando entró al salón de operaciones.
Mimi asistió a una terapia particular porque su mente y su corazón rechazó volver entrar al Hospital El Vigía donde sucedió toda la tragedia. Cuenta su madre que al tratar de llevarla ella se alteró y comenzó a llorar y a decir que no, quizás porque tiene la certeza que allí cambió la historia de su vida.
La humilde familia de Mimi solicita hoy a la presidenta de la República, Mireya Moscoso, y a todas aquellas personas que quieran ayudarles a devolverle a Mimi un poco de luz, ya que según su madre, aunque el Ministerio de Vivienda (MIVI) les entregó un PARVIS, que agradecen mucho, para construir una casa, su hija necesita muchas cosas para una mejor recuperación.
Este medio invita a todas las personas de buen corazón que quieran solidarizarse con esta pequeña, que necesita una andadera para poder dar sus pasitos diarios y una tabla de terapia que le permita mantenerla en pie durante varios minutos al día, con la esperanza de que algún día vuelva a correr feliz por el patio de su casa, juguetona y traviesa como la recuerdan todos.
Mimi siempre decía que quería ser enfermera para poder comprar una casa para todos, señala su madre, pero falta equipar su cuarto con aire acondicionado y las condiciones especiales que requiere el caso, ya que actualmente duerme en una habitación compartida, poco acogedora para sus necesidades.
A pesar de los momentos difíciles que ha vivido esta pequeña junto a sus padres, hermanos y familiares, se encuentra rodeada de amor, esperando siempre un mañana mejor.
Por su parte, el gremio médico debe reflexionar y cuidar que nunca se trunque por un error la vida e ilusiones de los preferidos de Dios: los niños.