Ayer se publicaron aspectos del periodo preelectoral que vivieron 680 indígenas emberá-wounaan, quienes han dado muestra de disciplina y democracia en la elección de sus autoridades regionales.
Todos los indígenas tenían derecho a votar, hasta podían postular a sus candidatos. Lo que se vivió dos días en la comunidad de Manené, en Darién, durante el II Congreso General de Tierras Colectivas Emberá-Wounaan para elegir al cacique y presidente era señal que una nueva mentalidad empezaba a germinar por estos lares. Sin embargo, es imposible ignorar todo lo que antecedía a la llegada a esta comunidad indígena.
Y así sucedió en Tucutí, allí la diversidad de razas es predominante. Un pueblo que vive a ultranza las costumbres indígenas, aunque no todos lo sean, y cuyos habitantes se alistaban también para partir a la elección del nuevo monarca de la etnia. Pero, hizo falta tiempo para conocer a profundidad una historia propia de un cuento de piratas, corsarios y la búsqueda de oro....
RIQUEZAS A RAS DE SUELO
Aunque como en Camogantí, acá también se desarrollan actividades de agricultura, ésta no ocupa el primer lugar en la economía del sector. Los "tucutieños" cosechan un producto poco común, pero de gran valor: el oro. La tierra del lugar, por un fenómeno difícil de descifrar con precisión, genera este metal precioso que es objeto diario de compra para su posterior venta en ciudad capital.
Un morador del área explicó que el proceso consiste en tomar el material del suelo, que trae la mezcla de oro y arenilla, se calienta a fuego lento con algo de agua y al secar se pasa por encima un imán que recoge la piedra y deja sólo el oro y ya está... listo para la venta.
La fuente sostuvo que en su caso particular compra a los residentes el producto a B/. 6 el gramo y en Panamá logra venderse hasta a B/. 9, sin embargo, señaló que antes se colocaba en B/. 12 pero la competencia y oferta internacional ha disminuido el costo.
Ellos, agregó, se encuentran bien organizados, y a él le corresponde la negociación, siendo algunos de sus clientes una joyería en Perejil de un señor apellido De La Guardia. El entrevistado se mostró accesible en todo momento, a pesar que se le preguntó si existía la posibilidad de que "buscadores profesionales de oro" intentaran acaparar las tierras de Tucutí para propagar el negocio con beneficios exclusivos.
"No existe temor, incluso nosotros les enseñamos la tierra porque aquí en cualquier lugar hay oro..." y antes que prosiguiera, un cliente se acercó e interrumpió la conversación, con el oro ya limpio envuelto en papel, dispuesto para la venta.
Al pesarlo (en una pesa especial), se trataba de medio gramo, lo que le representó B/. 3, que a poco tiempo del almuerzo, servirían tal vez para la libra de arroz, los porotos y con suerte tuna y alguna bebida.
LOGISTICA Y CONTRIBUCIONES
Durante el recorrido de