EL PAPA Juan Pablo II impuso su autoridad como jefe de los católicos del mundo al frenar en 1978 la locura belicista y expansionista de los dictadores Rafael Videla y Augusto Pinochet e impedir una guerra entre argentinos y chilenos por las fronteras australes en el Canal de Beagle.
Una clara señal enviada desde El Vaticano en la Navidad de ese año, obligó a los dictadores a sacar el dedo del gatillo de un enfrentamiento armado que algunos analistas militares de la época calculaban que podría provocar unas 20,000 bajas entre ambos bandos sólo en su primera fase.
Karol Wojtyla había iniciado poco tiempo atrás su pontificado y se encontraba con un conflicto en ciernes entre dos naciones donde la religión católica es hegemónica y los gobernantes de facto no podían menos que respetar su palabra.