Retratan el dolor de un pueblo andino que sigue buscando a sus muertos


Fotografías en blanco y negro del paisaje desolado de Putis, un pueblo de las entrañas andinas que sigue buscando a más de los 120 habitantes que murieron en 1984 en una masacre perpetrada supuestamente por el Ejército, se exhiben desde hoy en Lima.


Escenario de la ejecución masiva de casi todo un pueblo, Putis deja una profunda herida en todo el que lo ve. Y Domingo Giribaldi, el autor de las fotografías, tampoco escapa a esta impresión.


En Putis más de 120 de sus habitantes -hombres, mujeres y niños- fueron asesinados por la presunción de tener vínculos con el grupo maoísta de Sendero Luminoso, entonces muy activo en la región.

 

Cuando llegó a este pueblo recóndito al que se accede después de más de cuatro horas de camino desde Huamanga, a unos 600 kilómetros al sur de Lima, Giribaldi confesó a Efe que sintió "que todo estaba muerto" y que "había que pedirle permiso al lugar para hacerle fotos".


Allí, desde una colina aledaña el fotógrafo captó la imagen de la llamada "piscigranja de la muerte", aquella que los habitantes de Putis cavaron bajo las órdenes de los militares y que resultó siendo su propia sepultura.


Las 35 fotografías de "Si no vuelvo, búsquenme en Putis" también abundan en los grises de un paisaje árido y seco que contrasta con una portería de fútbol en medio de la nada. También hay una serie de imágenes en colores de zapatos raídos, fragmentos de una medalla y camisones descoloridos de bebés.

 

Estas prendas son los restos hallados en la fosa común de Putis durante las exhumaciones realizadas por el Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF) y que ahora son para muchos de los familiares de las víctimas el único legado de sus seres queridos, muchos de ellos aún no identificados.


Giribaldi se encontró con "un lugar abandonado y todo se volvió en blanco". Por eso, en las fotografías este pueblo "es en blanco y negro y las ropas son de colores, porque el muerto sigue buscando a sus parientes", acotó Giribaldi.


Las imágenes fueron captadas en agosto pasado durante una exhibición de las ropas organizada por la EPAF en la localidad de Putis y en las ciudades aledañas de Huanta y Huamanga, todas en la región de Ayacucho, el epicentro del conflicto interno entre las fuerzas del orden, los grupos terroristas y organizaciones paramilitares (1980-2000) que dejó unos 70.000 muertos.

 

Ante esta experiencia donde sólo debía ser un testigo invisible, Giribaldi se sintió conmovido por la soledad y la desesperación de los familiares que tratan de reconocer a los suyos a través de las ropas para "tratar de enterrar a sus muertos".


Giribaldi explicó que con su trabajo busca que la gente reflexione y "no se olvide" de lo que sucedió en ese lugar enclavado entre montañas y donde no hay agua, ni luz, ni postas médicas y al que se accede después de varias horas por caminos de tierra.


Para el director ejecutivo de la EPAF, José Pablo Baraybar, "las fotografías de Giribaldi revelan la desolación, el vacío y el aislamiento de una comunidad que, como tantas otras en el Perú, no ha perdido la esperanza de encontrar a sus muertos".

 

La muestra, financiada principalmente por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) se exhibe desde hoy hasta el 19 de noviembre próximo en el Centro de la Fotografía de Lima y también, a partir del 13 de noviembre, en el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown de Washington.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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