Un histórico aguacero que comenzó la tarde del lunes ha dejado hasta ahora 31 muertos en el estado brasileño de Río de Janeiro y ha obligado al gobernador de esa región del sudeste del país, Sergio Cabral, a anunciar hoy que declarará el estado de emergencia para enfrentar la contingencia.
Cabral informó de que, además de las 31 muertes por deslizamientos de tierras ya confirmadas por la Defensa Civil, al menos otros cuatro cuerpos están siendo buscados por los equipos de socorro, por lo que el número de víctimas puede ascender a 35.
"El estado de emergencia se hace necesario por la cantidad de ciudades afectadas", aseguró el gobernador al aclarar que, además de la capital regional, en donde la situación es caótica desde anoche, varias otras ciudades del estado fueron afectadas por el aguacero.
Según el funcionario, las lluvias también han provocado numerosos aludes de tierra e inundaciones en ciudades como Sao Gonçalo, Niteroi o Itaboraí y en los municipios de la llamada Baixada Fluminense, todos en el área metropolitana de Río de Janeiro.
Pero los temporales también afectaron a ciudades de la Región de los Lagos, en el litoral norte de Río de Janeiro, entre ellas Cabo Frio y Arraial do Cabo.
La lluvia durante más 17 horas en Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad brasileña, obligó a la propia Alcaldía a solicitar a la población que no salga de sus casas este martes.
"Todas las vías importantes de la ciudad están interrumpidas por inundaciones. Es un riesgo enorme para cualquier persona intentar atravesar esas inundaciones", afirmó el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Paes.
El regidor también recomendó a las personas que viven en algunas áreas montañosas consideradas de riesgo que abandonen sus viviendas y busquen locales más seguros ante la posibilidad de que nuevos deslizamientos provoquen más tragedias.
Sólo en la ciudad de Río de Janeiro, los deslizamientos sepultaron viviendas en las favelas de Borel, Turano y Macacos, barriadas pobres en la zona norte, así como en Recreio dos Bandeirantes, en la parte oeste de la ciudad.
Con las calles convertidas en verdaderos ríos, el tránsito paró totalmente en diferentes sectores de la urbe y numerosos automóviles quedaron cubiertos por el agua.
Las redes pública y privada de escuelas determinaron el cierre de sus centros, y lo mismo hicieron numerosas oficinas y establecimientos comerciales, que no cuentan con empleados suficientes para operar.
Varios barrios de la ciudad están sin servicio de energía eléctrica.
Los meteorólogos dijeron que el aguacero es el mayor sufrido por Río de Janeiro en muchos años y las autoridades reconocieron que la ciudad no está preparada para un diluvio de tales dimensiones.