Rousseff confirma a Mantega en Hacienda y elige a Tombini para el Banco Central


Guido Mantega, el símbolo del continuismo en el Gobierno de Rousseff

Guido Mantega, hombre de absoluta confianza del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, continuará marcando el rumbo de la economía brasileña en el Gobierno de Dilma Rousseff y se enfrenta al reto de convertir en desarrollo la fortaleza de las cifras macroeconómicas del país.
Rousseff, que asumirá el próximo 1 de enero, anunció hoy los primeros nombres de su equipo económico, lista que encabeza Mantega como ministro de Hacienda, cargo en el que Lula lo puso el 27 de marzo de 2006.
Nacido en la ciudad italiana de Génova el 7 de abril de 1949, Mantega llegó con su familia a Brasil cuando solo contaba tres años de edad y creció en Sao Paulo, la capital financiera del país.
Economista de formación, Mantega, de 61 años, es miembro del Partido de los Trabajadores (PT) y fue asesor económico de Lula en los años en los que el hoy mandatario era un sindicalista barbudo que luchaba por llegar a la Presidencia de Brasil.
Esa cercanía llevó a Mantega a ser el artífice del programa económico de Lula no solo durante sus campañas electorales sino también cuando éste llegó a la Presidencia en enero de 2003.
En el Gobierno de Lula Mantega comenzó como ministro de Planificación, cargo que ejerció hasta noviembre de 2004, cuando el mandatario lo designó presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), principal institución de fomento del país.
El salto al Ministerio de Hacienda lo dio 16 meses después, en marzo de 2006, cuando Lula lo escogió como sustituto de Antonio Palocci, hombre de buenas relaciones con el mundo empresarial brasileño pero quien tuvo que abandonar el Gobierno por un escándalo de corrupción.
Autor entre otros de los libros "Acumulación monopolista y crisis en Brasil" (1991), "Economía política brasileña" (1988), "Costo Brasil: mito o realidad" (1997) y "Conversaciones con economistas brasileños" (1999), Mantega comenzó a trabajar directamente con Lula en 1993.
Un año más tarde, cuando era uno de los coordinadores económicos del PT, fue un duro crítico del Plan Real, el programa de estabilización económica lanzado durante el Gobierno de Itamar Franco por el entonces ministro de Hacienda Fernando Henrique Cardoso, que logró controlar la inflación en Brasil.
En las últimas semanas Mantega ha consolidado su peso como la voz autorizada de la economía brasileña y, según la prensa, su continuidad como ministro de Hacienda fue una recomendación de Lula a Rousseff, aunque el presidente ha dicho que no le ha sugerido nombres y que es la mandataria electa la que escoge su equipo.
El empeño de Mantega en denunciar la llamada "guerra de divisas", con la que algunos países mantienen supuestamente devaluada de forma artificial su moneda para no perder competitividad en los mercados, ha cuajado en la agenda de los organismos multilaterales, como quedó reflejado en la pasada cumbre del G-20 celebrada en Seúl.
Con firmeza en sus declaraciones y comparecencias públicas, Mantega conserva su peso en el Gobierno, aunque ahora a las órdenes de Rousseff, de quien se dice que tiene sintonía con el ministro y al que llama cariñosamente "Guidinho".
Rousseff, quien hizo de la continuidad de los programas estrella de Lula la piedra angular de su campaña electoral, materializa ese mensaje a través del nombramiento de uno de los hombres del presidente para seguir guiando el rumbo económico del país.
Por delante Mantega tiene importantes retos, como demostrar que el buen momento que atraviesa la economía brasileña, con una previsión de crecimiento económico del 7,5%, no es un espejismo y que el nuevo Gobierno es capaz de cumplir con el principal compromiso electoral de Rousseff: erradicar la pobreza en un país de 185,6 millones de personas.


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101 años de Panamá América

 
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