La agencia Standard & Poor's confirmó hoy la calificación de riesgo que otorga a la deuda soberana de México, al considerar que el Gobierno de ese país mantendrá sus compromisos en materia fiscal y monetaria pese a la crisis económica y a la caída de los ingresos petrolíferos.
"La confirmación y la perspectiva estable de las calificaciones se basan en nuestra expectativa de que la volatilidad en los mercados financieros internacionales y el descenso de la actividad económica mundial y en Estados Unidos, no minarán el compromiso de México con la estabilidad macroeconómica", apuntó hoy la analista de Standard & Poor's, Lisa Schineller, en un comunicado de prensa.
Además, señaló que tampoco se debilitará la calidad crediticia soberana de México.
La calificación que esa agencia concede a la deuda pública del país emitida en moneda extranjera a largo plazo es de BBB+ y para la de corto plazo es de A-2, mientras que la otorgada a las emisiones en moneda local de largo plazo es de A+ y de corto plazo de A-1.
Pese al mantenimiento de sus calificaciones, S&P advirtió que para 2009 se prevé una "marcada" desaceleración en el ritmo de crecimiento económico de México.
Esa ralentización, unida a una previsible reducción de los ingresos procedente de la venta de petróleo, "presionarán más el presupuesto gubernamental", apuntó Schineller.
En su opinión, México cuenta con un margen limitado para aplicar una política fiscal que permita combatir las fases bajas de los ciclos económicos y "ya usó parte de esta libertad de acción en el presupuesto de 2009 recientemente revisado".
"A fin de contener el incremento potencial en el endeudamiento del sector público y sostener la confianza del mercado -añadió la analista-, esperamos que el Gobierno actúe de manera oportuna para ocuparse del déficit presupuestario".
Además, S&P confía en que las autoridades mexicanas permitan la inversión de suficiente capital en la compañía estatal Pemex para mantener su producción de petróleo cerca del nivel actual.
"A lo largo de su trayectoria, México ha logrado ajustarse a acontecimientos fiscales adversos, y la mayor cooperación observada recientemente entre los partidos políticos para aprobar algunas iniciativas sugiere que dicha pro-actividad continuará", explicó Schineller para justificar la estabilidad de sus perspectivas.
El futuro de las calificaciones que S&P otorga a México dependerá, según advirtió la agencia, de la capacidad de la Administración del presidente Felipe Calderón para manejar las presiones fiscales, "contener el incremento de las necesidades de financiación del sector público" y permitir importantes inversiones de Pemex en los próximos años.
En ese sentido, la analista alertó de que un menor crecimiento económico en 2009, junto a una caída de los ingresos procedentes del petróleo y a las elecciones previstas para mediados de 2009, podrían generar "presiones políticas".
Esas tensiones podrían a su vez hacer que el Gobierno de México se distanciara de sus objetivos en materia de política fiscal y monetaria.
"S&P anticipa que el Gobierno actuará de manera prudente para compensar los menores ingresos petroleros, y por consiguiente, respaldará las dinámicas fiscal y de deuda del país", concluyó la analista.
Hace un año S&P estableció las calificaciones actuales de México argumentando que éstas reflejaban "el fortalecimiento esperado de los ingresos fiscales" para los próximos años, así como las señales de un "renovado dinamismo político" que reducía el riesgo de una "paralización" de las políticas en México.
La agencia de calificación señaló en su día que la reforma fiscal aprobada en septiembre de 2007 era "un paso importante para reducir la vulnerabilidad fiscal" ante los volátiles precios del petróleo y las crecientes presiones de gasto.
Además, enviaba "una señal positiva sobre la capacidad del liderazgo político de México" para alcanzar acuerdos sobre asuntos clave para el país.