La olimpiada de Atenas debía entrar en la historia como los Juegos de la Pareja Dorada. Desde hacía mucho tiempo, los libretistas habían planeado la historia y elegido a sus personajes.
Marion Jones, la protagonista, ganaría una bolsa llena de oro, mientras que el galán, Tim Montgomery, su pareja en la vida real y plusmarquista mundial de 100 metros planos, sería coronado como el ser humano más veloz del planeta.
Los dos se abrazarían, mostrarían su hijo al mundo y Estados Unidos enloquecería. Cuando esa fantasía se deshizo por una acusación anónima enviada a la "polícia de drogas de Estados Unidos", se necesitó rehacer rápidamente la historia con una trama similar pero con tema griego.
Ahora, el triunfador de Sydney, Costas Kenteris, defendería mágicamente su título de 200 metros planos y su pareja de entrenamiento y compatriota Katerina Thanou, plata hace cuatro años, remplazaría a Jones como reina de los 100 metros planos.
Ambos se abrazarían y Grecia estallaría de júbilo. Pero la inasistencia a un control antidopaje, un misterioso choque en motocicleta y una serie de preguntas de dopaje sin respuesta también hicieron abortar la idea, que terminó el sábado con la expulsión de Kenteris y Thanou del equipo griego.
PAREJA DE ORO Ahora, Atenas necesita desesperadamente re-escribir un segundo libreto.
La característica de pareja de oro parece difunta. Los velocistas en las ramas femenina y masculina, también lucen fatalmente comprometidos en el escenario de la disciplina madre de los Juegos, como se le conoce al atletismo.
El campeón de 100 metros planos en Sydney y el plusmarquista mundial Maurice Greene, que constantemente se autoproclama el mejor corredor de todos los tiempos, tiene estatura y una historia que contar.
Pero, cuán heróica sería repetir la victoria si los carriles que tiene al lado fueron despojados de calidad por el escándalo.
Montgomery enfrenta una suspensión mientras que el mejor corredor de Europa, el británico Dwain Chambers, ya quedó fuera de carrera por dos años, debido al doping.
Entre tanto, las velocistas quedaron sin protagonismo, con Jones, investigada por la Agencia Antidopaje de Estados Unidos y reducida tan sólo a la prueba de salto de longitud.
Kelli White está suspendida por dopaje después de haber sido despojada de su doble título mundial conseguido el año pasado, y Torri Edwards, que heredó la corona de 100 metros planos de White, también se encuentra bajo la sombra del dopaje.
El resto de atletas de pista de clase mundial sería capaz de capear el temporal y tomar el protagonismo, pero ninguno realmente atrae la imaginación colectiva.
El etíope Haile Gebrselassie, el hombre de la sonrisa más grande del mundo, podría convertirse en el primer hombre en ganar tres coronas olímpicas consecutivas.