La arquitecta española Elia Gutiérrez Mozo criticó hoy que las escuelas de arquitectura sigan preparando a profesionales "para un mundo que ya no existe", cuyo mejor ejemplo es el caso español, que demuestra que el urbanismo "de y para el negocio acaba siendo un mal negocio".
En una entrevista con Efe durante la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (BIAU), que hoy se clausura en la ciudad colombiana de Medellín, Gutiérrez Mozo subrayó que este evento, el más importante del sector, está demostrando que es posible impulsar un urbanismo de calidad "al servicio de las personas".
Sin embargo, esta arquitecta, que ha formado parte del jurado de las tres últimas ediciones de la BIAU, lamentó que el discurso que los jóvenes estudiantes están escuchando en esta cita "no es el que en general encuentran en sus escuelas de arquitectura", que "siguen preparando a personas para un mundo que ya no existe más".
"En esta Bienal hay magníficos ejemplos de esta voluntad de no cooperar más con este sistema absolutamente injusto y destructivo, pero desgraciadamente no es mayoritario. Y lo que me preocupa es que las escuelas de arquitectura siguen ajenas a una realidad que por otra parte se impone con la fuerza de un peso innegable", señaló.
Y es que, a su juicio, mientras Latinoamérica está demostrando que el urbanismo con componente social es posible, "Europa en general, y España en concreto, no están en un momento de enseñar nada".
"Lo único que podemos enseñar es que la arquitectura de y para el negocio es un mal negocio. Somos un ejemplo magnífico de qué vía está agotada y qué camino no podemos transitar más. La situación en España es verdaderamente preocupante, y además todavía hay que hacer un ejercicio de responsabilidad y reconocer que todos participamos de aquella especie de locura colectiva", criticó.
Gutiérrez Mozo aseguró que España debe ser capaz de reconstruir las reglas del juego, algo que lamentablemente aún no ha asumido del todo, como sí han hecho ciudades como Medellín.
En la última década, esta ciudad colombiana impulsó un proceso de transformación social a través de una arquitectura vanguardista, especialmente en zonas desfavorecidas, que le permitió alejarse del primer puesto entre las ciudades más violentas de Latinoamérica.
"Es absolutamente sorprendente que una arquitectura de tanta calidad obedezca a esos procesos democratizadores y esté tan comprometida con las personas", opinó. "Lo conmovedor de la experiencia de Medellín es que sus proyectos son una manifestación de que todos somos iguales y merecemos lo mismo".
Ejemplos como los Parques-Bibliotecas, impactantes obras arquitectónicas situadas en barrios humildes de la ciudad, que han conseguido reactivar su entorno, hacen pensar en "qué hace un chico como tú en un sitio como éste, pero demuestran que es posible lo imposible, tienen el valor fundamental del ejemplo, de ver que no existe arquitectura de tercera para gente de tercera", afirmó.
"En la arquitectura no debe existir clase 'business' y clase turista -añadió Gutiérrez Mozo-. Se trata en definitiva de hacer una apuesta al servicio de la calidad, y esa calidad al servicio de todos, no sólo de los que parece que son siempre los promotores o los propietarios de estas arquitecturas".
En definitiva, rechazó que belleza y utilidad social no puedan ir de la mano: "estética y ética no sólo no son excluyentes, sino que son las dos caras de una misma moneda, que es el hecho arquitectónico. No pensarlo es una simpleza parecida a eso tan machista como que cuando una mujer es guapa tiene que ser boba".