El cigarrillo es un mal negocio para Panamá. Cifras de un estudio revelador realizado en 1999, y que ahora se está actualizando, indican que el país pierde demasiado con el cigarrillo, porque los ingresos sólo representan un 26% de lo que cuesta reparar el daño.
El estudio fue realizado por el economista de la salud y neumólogo Enrique Lau Cortés, la única persona que se preocupó por realizar un estudio sobre el impacto del cigarrillo en la salud panameña.
Las cifras que maneja Lau y que le sirven de referencia a las autoridades de salud y ONG´s, indican que sólo la Caja de Seguro Social (CSS) en un año se gastó $76 millones en atención, que incluye tratamientos, hospitalizaciones y medicamentos.
En contraste, con los impuestos al cigarrillo el país sólo percibe 11 millones, a los que también suma cerca de 9 millones por los puestos de trabajo que genera la actividad.
Lau advierte que los gastos pueden ser mayores porque también hay que considerar lo que el país pierde en incapacidades del paciente. También advierte que dado el conocimiento de los efectos del cigarrillo, no descarta que las aseguradoras contemplen que el que fuma es un suicida y esto puede generar serios problemas a la hora de solicitar indemnizaciones.
Para añadirle más disparidades a este mal negocio, lo que recibe el Instituto Oncológico (ION) no es suficiente para enfrentar los problemas que genera el cigarrillo.
Al ION le corresponde el 5% de lo que se recauda en impuestos y que son invertidos en prevención. Sin embargo, la entidad gasta más de 2 millones cada año para atender a quienes sufren cáncer de pulmón.
Lo que es peor, el dinero no es suficiente para la compra de equipos.
Pese a que cuenta con un recurso humano de categoría, tampoco son suficientes. En el ION hay cerca de 17 especialistas para atender una población de más de 4 mil pacientes cada año y que va en aumento.
Sólo tiene tres máquinas para hacer radioterapias y en cada una se atienden 80 pacientes al día. Además, la mayoría del equipo tecnológico que hay en la entidad es donado y recientemente el único CAT, que sirve para hacer tomografías y estudios computarizados, se dañó y cuesta el doble repararlo.
El radioncólogo Keith Britton recalcó que al no tener un CAT se dificulta las atenciones de los pacientes, ya que no se les puede hacer un seguimiento ni radiar o diagnosticar.
CON LAS UÑAS.
Ni hablar de las maravillas que hacen para diagnosticar el cáncer. Britton explicó que en Panamá se diagnostica el cáncer de pulmón a través de una placa de tórax simple. Con estas placas se refieren a los pacientes al ION, y pueden detectarse imágenes de tumores mayores de 1 a 1.5 cm.
El problema de usarlas, es que los especialistas deben ser muy minuciosos a la hora de observarlas, ya que las marcas de cáncer en el pulmón casi no son perceptibles al ojo humano.
Entretanto, más del 70% de los pacientes presentan estadios de cáncer avanzados, donde el tratamiento es casi imposible, por lo que se procede a tratarlos con paliativos.
"Muy pocos pacientes llegan en etapa temprana y generalmente llegan porque se han estado haciendo estudios por otras cosas y se ha descubierto un cáncer", dijo.
"Esto es alarmante para nosotros, porque en una etapa avanzada de un cáncer de pulmón, son cosas de meses para que el paciente desarrolle una enfermedad incurable", explicó Britton.
El galeno destacó que en países de primer mundo se hace un "estudio completo" a los pacientes.
Esto no sólo involucra laboratorios, o procesamiento de imágenes, sino todo en conjunto.
También se hacen estudios con medicina nuclear que permiten dar un panorama sobre el tipo de enfermedad al que se está enfrentando el paciente.
En cuanto a tratamientos, en el ION se realizan radioterapias y quimioterapias, cuyos costos en un año se calculan en 80 mil dólares por cada paciente.
"Panamá está mejor que otros países. Podemos brindar tratamiento oportuno con quimioterapias y radioterapias, pero desafortunadamente la cantidad de equipo con la que contamos no es suficiente y el volumen de pacientes es alto. Por ello el diagnóstico es tardío. El personal humano es escaso y es doble el problema", recalcó Britton.
NO HAY FONDOS.
Si hablamos de cuánto se invierte en prevención, el estudio que presentó Lau no lo contempla, ya que no existían registros y dice que la información "es nula, no existe para el Estado" dijo.
Han pasado ocho años y el panorama parece no cambiar. Este año, y según cifras suministradas por el Ministerio de Salud, la Dirección de Promoción de la Salud trabajará con un presupuesto que no supera los 30 mil dólares para orientar y educar a la población sobre la nueva Ley (Ley 13 antitabaco).
Los problemas no terminan allí. Las ONG´s también los tienen.
Nélyda Gligo, de la Coalición Panameña Contra el Tabaco (COPACET), reconoce que las más de 15 organizaciones que le acompañan sacan de su bolsillo para hacerle la lucha al tabaquismo.
Aunado a esto, los opositores a la ley varias veces les han vandalizado el local, al que le han pintado "diablitos fumadores" para molestarla.
A pesar de ello, Gligo opina que hay que darles una oportunidad a los fumadores y no acribillarlos contra la pared para que puedan entender que el tabaquismo es una adicción.
"Nosotros que estamos aquí luchando en esta gran campaña para cuidar la salud de los panameños, somos agredidos, somos amenazados. Me tienen amenazada", denunció.
SIN RECURSOS.
El Artículo 15 de la Ley 13 indica que el Estado debe diseñar y aplicar programas de promoción del abandono del consumo de tabaco.
Para este propósito, adoptará medidas para que el sector público de salud facilite el acceso a tratamientos contra la dependencia del tabaco, incluidos productos farmacéuticos, para disminuir la dependencia del tabaco en la población.
Esto es teoría, porque en la práctica el sistema de salud tiene seis meses a partir de la reglamentación de la Ley para que se habiliten todas las clínicas de cesación en el país.
De las existentes, la que opera en la Asociación Nacional contra el Cáncer (ANCEC) permanece cerrada por la falta de un psiquiatra.
El doctor Fernando Cebamanos, de la ANCEC, explicó que tienen poco más de un mes esperando a que el Instituto de Salud Mental asigne a un profesional. Mientras, los pacientes se han quedado sin tratamiento y atención.
Igual esfuerzo se hace en la Universidad de Panamá (UNIPAN).
Recientemente, COPACET firmó un convenio con la UNIPAN para que los jóvenes universitarios fumadores cuenten con una clínica de atención en el Campus. Con el convenio, la Universidad se declaró 100% libre de humo, pero ahora faltan cerca de 100 mil dólares para que la clínica sea llevada a la práctica, estableciéndose en la Clínica Universitaria.
Una clínica de cesación es necesaria en la UNIPAN, ya que según una encuesta en cada una de las facultades, cerca del 30% de los estudiantes fuman.
Esta medida se refuerza en el hecho de que el artículo 5 de la Ley 13 prohíbe fumar en las instituciones educativas.
"Los padres y los adultos tenemos que comprometernos a que esta generación de niños y adolescentes no se les exponga al humo del cigarrillo.
Tenemos que luchar por ambientes libres de humo y ser cazadores de humo", recalcó el doctor Fernando Cebamanos.