Ni una vuelta al ruedo dio la terna compuesta por los españoles César Jiménez y César Girón y el venezolano Rubén Dario Esteves en la corrida que cerró la Feria de San Sebastián, celebrada hoy en la ciudad de San Cristóbal, occidente de Venezuela.
El madrileño Jiménez tuvo momentos de lucimiento y tres aparatosas volteretas que rayaron con la tragedia; Rubén Dario no tuvo su tarde y el sevillano Girón destacó en el que cerró plaza.
Se lidiaron toros colombianos de El Paraíso, bien presentados y que cumplieron en varas; destacaron el cuarto y el quinto, y pesaron 442, 446, 435, 445, 470 y 440 kilos.
La plaza registró cerca de un tercio de su aforo.
César Jiménez, palmas y ovación.
Rubén Dario, aplausos y silencio.
César Girón, palmas en ambos.
Jiménez anduvo torero con la capa y realizó faena en los medios; cuando toreaba más a gusto tuvo un descuido y el toro lo levantó y le derrotó tres veces en el suelo. Se repuso y cuando le corría la mano al compás de la música lo volvió a enganchar para darle otra paliza de la que salió conmocionado. Lo mató con decisión.
Al cuarto lo sujetó con pausado lance, "Abubillo" se empleó en un largo puyazo durmiéndose en el peto. Ovación al picador Luciano Briceño. El madrileño se gustó en ceñido quite por chicuelinas; inició asentada faena con la muleta y en la segunda serie con la diestra recibió la tercera voltereta; se levantó y volvió con la zurda a meter al público al canasto. Entró a matar enterrando la espada hasta las cintas pero tuvo que descabellar tres veces antes de que se echara. No fue su tarde.
No entendió Rubén Dario a su primer toro en el primer tercio; en el segundo puyazo el toro metió al caballo y picador en el callejón rompiendo la puerta por donde salen los cabestros. Faena encimista por ambos pitones y lo liquidó de media estocada.
Con el quinto mostró disposición y falló con los aceros.
Girón no se acopló con el tercero. Intentó el toreo al natural sin conseguirlo. Porfió en la faena de muleta rematada con estocada entrando derecho como una vela que lo mató sin puntilla.
Al que cerró plaza le realizó emotivo trasteo de menos a más que no rubricó con la espada, en una tarde para el olvido.