Sociedad

Brooklyncito

Una vereda divide Brooklyncito del sector La Primavera, donde los niños juegan y en ocasiones corren al escuchar la llegada de los policías.


En el centro de la ciudad de Panamá, donde colindan la exuberancia del Parque Natural Metropolitano y la transitada vía Tumba Muerto, está ubicado Brooklyncito.

Un barrio donde la costumbre es descansar hasta pasadas las nueve de la mañana, costumbre que han copiado hasta los gallos, que cantan casi de mediodía. Esta costumbre tiene su explicación en la informalidad en la cual trabajan muchos de los residentes donde, según el censo de 2010, un 45.16% vivían sin seguridad social.

Allí reside Daisy Gómez, quien tiene 30 años de ser dirigente comunitaria. Aun con todos esos años de conocer el área y a cada persona que deambula entre los zaguanes, ella no se considera apta para contar de dónde salió el nombre de Brooklyncito, pero advierte que hay varias versiones. Solo recuerda que por un tiempo al lugar también se le conoció como el “Rancho Bellaco” donde, después de varios tragos, algunos vecinos quedaban enredados a puños. En la década de los noventa, tras la presencia de un grupo misionero de Estados Unidos, cambiaron el nombre a La Primavera, como es conocida en la actualidad el área más tranquila de Brooklyncito.

Pero la historia de este caserío rodeado de un clima y paisaje agreste envidiable se remonta al comienzo de los años 30, cuando ni siquiera estaba fundada la Universidad de Panamá y el colegio Artes y Oficios Melchor Lasso De La Vega, junto con el Instituto Nacional, los colegios más antiguos del sistema educativo panameño.

Se dice que algunos panameños que residieron por un tiempo en Brooklyn, en la ciudad de Nueva York, cuando regresaron a Panamá se radicaron en este barrio precarista, sin embargo, ni los más viejos del lugar se atreven a asegurar eso. Eloisa Villarreal, que ha dejado 57 años de su vida en Brooklyncito, tampoco puede precisar quién y cuándo bautizó este caserío. Solo recuerda los primeros años, en los que, junto con su esposo ya fallecido, sus hijos y hasta mascotas, tenían que salir nadando con el agua al cuello, porque siempre se inundaba.

Y quizá su relato deja a la interpretación la similitud con aquel barrio neoyorquino que trascendió hace varias décadas por conocerse que quienes residen allí son personas de escasos recursos, amparadas por programas sociales y en medio de crecientes niveles de criminalidad.

Quizá así fue Brooklyncito en un tiempo. Ahora la señora Villarreal y su vecina Virginia Cruz, también de las residentes más antiguas, temen no solo por la ilegalidad de sus terrenos, sino por la presencia de inmigrantes que han llevado al barrio una nueva inquilina: la droga.

Las autoridades de seguridad ya no registran pandillas en este barrio, incluso Daisy dijo que quienes en un tiempo hicieron el barrio “pesado” ya no están allí o están muertos.

“Hemos quedado como la caca en un jardín”, se lamenta Gómez, quien impulsa a los niños y jóvenes del área para evitar que reproduzcan las vivencias de crimen que pudieron dar origen al nombre del lugar.


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930055
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América