Los lugareños no completan los tratamientos, migran a otras comunidades y llevan en su sangre el parásito Plasmodium, que transmite la malaria Plasmodium falciparum y Plasmodium vivax (la que produce el 100% de los casos en la comarca), y al ser picados por el vector transmisor, la hembra del mosquito anofeles, infecta a una persona sana y se replica el ciclo de infección.
Una investigación realizada por el Instituto Conmemorativo Gorgas en tres localidades de la comarca guna de Madungandí, reveló que el desconocimiento de cómo esta cultura entiende las enfermedades ha dificultado la intervención oportuna de Salud para que los tratamientos cumplan su eficacia.
Para los gunas, las enfermedades son producto del desequilibrio que puede surgir de la naturaleza o del ecosistema y no por virus, bacterias o vectores, y la muerte es un proceso normal que llega y no buscan un porqué.
Consideran que la naturaleza tiene un espíritu y que si se atenta contra ella, se desatan las enfermedades, por ende, la única manera de restaurar el orden y obtener la sanidad es estar en paz con esta.
Esa paz, para los gunas, se consigue a través de la medicina tradicional o rituales de protección contra la enfermedad realizados por los neles o sabios, conocido como la ceremonia de “La fuma de la pipa”.
"Debe haber un acuerdo entre los médicos tradicionales y el Ministerio de Salud", aseguran las autoridades indígenas, según Lorenzo Cáceres, uno de los cinco investigadores del Instituto Conmemorativo Gorgas, que participó en este estudio en 2011.
El sentir del pueblo es que el Minsa tiene muchos acuerdos con médicos tradicionales de otras etnias indígenas y guna; sin embargo, no hay uno con la comarca de Madungandí y las autoridades lo están solicitando, manifestó Cáceres. Una mirada a cómo viven y reaccionan ante la muerte enriquece la guía metodológica, que servirá como herramienta de trabajo y de entendimiento entre el sistema de salud del pueblo guna de Madungandí y el del Ministerio de Salud, como a nivel nacional, destaca el estudio en una de sus páginas.
La interculturalidad se entiende como la habilidad para reconocer, armonizar y negociar las diferencias al interior de cada sociedad.
La guía es el resultado de un año de estudio y de recolección de testimonios con miembros de la etnia guna de Madungandí en las poblaciones Pintupo, Aguas Claras y Puente Bayano, reconocidas como áreas de transmisión de malaria. La enfermedad
Uno de los aspectos que mantiene los índices de malaria es el desconocimiento de sus causas, falta de medidas de prevención por parte de la comunidad y la ausencia de una integración en las intervenciones del Minsa, aseguró Cáceres.
El estudio reveló que un 88% de la población desconoce el medio de transmisión y un 85% no tiene conocimiento sobre las medidas de prevención.
Evidenció que aunque el 85% de la población está consciente de que la malaria se cura con las pastillas que suministra Control de Vectores, un 63% recurre al uso de la medicina tradicional y cree fervientemente en su efectividad.
Según Néstor Sosa, director del Instituto Conmemorativo Gorgas, la malaria no está erradicada en el país y responde a cambios climáticos y comportamiento del hombre, y a pesar de que hay programas de vigilancia y tratamiento, no es fácil controlarla porque se da en áreas de difícil acceso y en los últimos años ha habido un aumento de casos.
El director de Epidemiología del Minsa, Carlos Gálvez, explicó que la malaria que afecta es la producida por el parásito Plasmodium vivax y que en pocos casos produce la muerte, pero el problema es que el parásito se esconde en el hígado y reaparece entre los 5 y 7 meses, la persona lo tiene en su organismo y al picarlo un mosquito, este se contagia y disemina la enfermedad.
Darién, Guna Yala, Panamá Este, área de Bayano, en Madungandí, son sus focos, y lo preocupante es que la población migra y lleva el parásito en su sangre a donde se traslade, advirtió.
Los investigadores sugieren la vigilancia y medidas de control durante todo el año y no al momento del brote, que es cuando se activan las soluciones tradicionales, tales como “La fuma de la pipa” y la quema del cacao, las que chocan con las intervenciones del Minsa, como ocurrió en febrero de 2004, cuando hubo muertes por malaria Plasmodiumn falciparum.
Fernando Gracia, titular de Salud en esa fecha, dijo que como no se permitía la entrada se creó un cerco sanitario para evitar el contagio fuera de la comarca en Las Margaritas de Chepo y Pacora. Sobre las muertes, recordó la de cuatro niños.
En Madungandí, en 2010 se registraron 62 casos por Plasmodium vivax, y en 2011, 42. La investigación destacó que en el año 2010, el 55% de los casos fueron de niños entre 0 y 9 años, lo que podría indicar que la transmisión se dio dentro de la vivienda y áreas cercanas a ella.


