Sociedad

Cuando las pandillas tienen rostro de mujer

Unas 2 mil 250 mujeres están dentro de las pandillas, según el Programa de Seguridad Integral (Prosi). Las autoridades afirman que es más difícil resocializar a las mujeres que a los hombres.


Antonio Pérez M. (antonio.perez@epasa.com) / -
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En el círculo de las pandillas las mujeres ocupan un lugar protagónico cada vez más violento.

Así lo reconocen las autoridades que a diario tienen que hacer labores de prevención y de persecución de este tipo de organizaciones delictivas.

Cifras del Programa de Seguridad Integral (Prosi) revelan que de cada diez jóvenes en las pandillas, tres son mujeres. Si se toma en cuenta que las estadísticas de esta entidad revelan que en estos momentos existen 7 mil 500 pandilleros en Panamá, se podría deducir que hay más de 2 mil mujeres pandilleras.

Manuel Zambrano, director del Prosi, reconoció que las mujeres siempre han existido en las pandillas, pero en los últimos años sus actuaciones delictivas son más visibles. “Ya no están jugando ese rol de estar detrás de los hombres, de ser su soporte, ahora están saliendo con mayor visibilidad en las pandillas”, expresó.

La mayor preocupación del funcionario consiste en el punto de la resocialización, ya que aseguró que las mujeres son más reacias a participar de estos programas.

Zambrano atribuye esta situación a que como siempre se ha pensado que las pandillas es un tema de hombres, las actividades de resocialización que generalmente se desarrollan son en el ámbito deportivo, a los que las mujeres no les prestan tanto interés.

Consideró que las mujeres están más inclinadas a las actividades en que se les enseñe un oficio para aprender una actividad que les genere ingresos.

Mientras, la realidad es que existe una actividad criminal vinculada a las pandillas que cada vez más obtiene un rostro de mujer.

Alexis Muñoz, subcomisionado de la Policía Nacional y subjefe de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), consideró que, en general, las mujeres todavía mantienen una posición pasiva en las pandillas.

Aseguró que las que se introducen en este mundo es por el interés de tener dinero y por lo regular se dedican a custodiar las drogas y las armas de sus compañeros sentimentales y, en casos más riesgosos, sirven de espías.

Comentó Muñoz que los casos en que existen mujeres envueltas en hechos de violencia en los cuales son las agresoras, por lo regular se deben a hechos aislados.

Dura realidad

Panamá América penetró en el peligroso mundo de las pandillas.

Viejos caserones, pasillos oscuros y desbordados de aguas negras. Era mediodía, así que el movimiento era casi nulo en el lugar. La mayoría de los pandilleros duermen a esa hora.

Uno que otro rostro se asoma entre las cortinas de las reducidas ventanas de los caserones de madera. En ese escenario se mueven quienes se dedican a esta actividad organizada del crimen.

Secuestros, ventas de drogas al detal, sicariatos, asaltos a transeúntes o locales comerciales, son las actividades que usan las pandillas como medio de vida.

Allí pudimos comprobar que hay mujeres dentro de los grupos que se dedican a estos actos delictivos.

Yari es una de ellas. Tiene 23 años; recientemente salió de la cárcel de mujeres, donde pagó una sentencia de cinco años por el delito de secuestro.

Con una mirada que refleja temor, cuenta que desde los 15 años incursionó en las pandillas y ya tiene en su espalda varios asesinatos, aunque no dio detalles.

Por su edad y acciones de violencia y riesgo en la organización, está en una posición de liderazgo y respeto. No conoció a su papá y cuando era niña presenció el asesinato de su madre.

“Ese resentimiento con la sociedad es lo que ha hecho que esta mujer haya tenido que afrontar una posición de rechazo y resentimiento contra la sociedad”, comentó doña Sara, una señora que toda su vida ha residido en estos viejos caserones, quien aceptó hablar, pero con mucho recelo.

Cadena de mando

En las pandillas las mujeres también tienen que hacer un ritual de iniciación, según comentó esta joven.

Por lo regular una muchacha incursiona a estas organizaciones desde muy pequeña, cuando apenas tiene los 13 años.

El ritual de iniciación se da cuando logran cumplir con una labor peligrosa de espionaje. Es decir, poder sacar información de los líderes de grupos enemigos para poder realizar atentados contra ellos.

Las “cameras” es una de esas actividades de espionaje, la que consiste en que la joven a través de sus encantos, logra enamorar a rivales para sacarlos de su área y llevarlos a sitios donde no tienen protección.

“Las mujeres van ganando puntos. Por cada asesinato que se registre contra un integrante de las pandillas rivales, su escala en la organización es mayor y más si se trata de un líder de la banda”, explicó doña Sara, quien a pesar de no estar de acuerdo con este comportamiento, lo conoce con mucho detalle.

Su sobrino fue pandillero desde los 13 años y dos años después fue asesinado cuando jugaba fútbol en el patio limoso, justo a la puerta de su casa.

Ella comentó que hay mujeres que hacen de “cameras” sin recibir paga alguna, solo para cumplir con una venganza sentimental, es decir para hacerle pagar a un exnovio que decidió dejarla por otra mujer y aceptan hacer alianzas con pandillas contrarias para lograr acabar con la vida de quien fuera su compañero sentimental.

Existe otra prueba de iniciación de las mujeres en las pandillas, que es a través de sacarle información a la pandilla contraria. Por lo regular es cuando las muchachas son más pequeñas y no pueden hacer la labor de “cameras”, para esto aprovechan su apariencia infantil para pasarse a los linderos de otras bandas sin despertar sospecha y desde allí informar sobre los movimientos de los grupos rivales.

La edad es un requisito para que las mujeres tengan respeto en las pandillas que, por lo regular, es cuando superan los 20 años.

Las posiciones que ocupan son de cónyuges de los líderes de pandillas o manejan la distribución de las drogas en los barrios.

 

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882706
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América