En lo que va del año las autoridades panameñas han atendido 64 casos de embarcaciones a la deriva en altamar. La razón: desperfectos en sus sistemas electromecánicos o en el motor.
Este último motivo fue el mismo que provocó que cinco pescadores panameños, a bordo de la nave Reina Elizabeth, de 40 pies de largo, estuvieran perdidos en el océano Pacífico durante 35 largos días. Afortunadamente, todos fueron rescatados con vida, entre el martes y el miércoles de esta semana, en aguas territoriales de Ecuador, y se espera que en un término de 24 horas, a partir de hoy, sean repatriados por la Cancillería.

Pero, hay un aspecto que llama la atención de este hecho; en sus declaraciones a la prensa local, el capitán Oriel Reyes, jefe del Departamento de búsqueda y rescate del Servicio Nacional Aeronaval (Senan), reveló que son muchas las naves panameñas que sufren desperfectos mecánicos en plena faena en el mar, sobre todo los barcos pesqueros, los artesanales, los de viajes internos y otros de pequeño calado.
El uniformado explicó que “también se dan casos de naves que quedan a la deriva por el agotamiento de combustible, pero estos incidentes son mínimos y ocurren cuando el capitán a cargo, sobrepasa los límites de millas náuticas que puede cubrir el navío.

“La avería en los motores es la principal causa de estos naufragios...”, resaltó Reyes.
¿Quién fiscaliza?
La Autoridad Marítima de Panamá (AMP) es la entidad encargada de registrar todo lo referente a las embarcaciones artesanales e industriales que naveguen en nuestras aguas. La Dirección de Marina Mercante se encarga del registro y de velar por el mantenimiento de estas.
Tras hablar vía telefónica con José Luis Ortega, subdirector de este departamento, confirmó a Panamá América que cada nave debe pasar por un revisado, pero que por el tamaño y otras características se realizan de manera distinta, es decir que no hay un plan estándar para observar el estado de cada uno de los barcos.
“Los procedimientos de mantenimiento de cada nave son distintos, eso depende de la dimensión de cada una de ellas, de qué distancia operan cada una de las costas; para cada embarcación hay un procedimiento distinto”, explicó.
Por su lado, Eustorgio Ortiz, quien compró hace año y medio el Reina Elizabeth, asegura que su bote estaba en perfectas condiciones; sin embargo, tres días antes del episodio del 5 de marzo, tuvo que hacerle un ajuste al sistema de alumbrado nocturno (luces), al vehículo de navegación. “El día 2 de marzo, el Reina Elizabeth zarpó del puerto de Juan Díaz para llevar hielo a otro barco pesquero en isla La Esmeralda, (en el archipiélago de las Perlas). Ese mismo día regresó, la reparamos y salió el 5, temprano...La nueva avería, me dijo el capitán, fue porque se dañó el generador y se les paró el motor. Los barcos son como los carros, que pueden sufrir cualquier desperfecto en cualquier momento, es una máquina... Siempre le damos mantenimiento”, relató.
Vientos y mareas
Para esta época seca se da en Panamá un fenómeno que hace que los barcos que sufran desperfectos en mar abierto sean empujados a cientos de millas al sur. “En esta época del año se dan en Panamá los vientos noreste y noroeste. Estos vientos siempre van a impulsar cualquier cuerpo sobre la superficie marina hacia el sur del continente. Pero además, existe la corriente marina Sur Ecuatorial y la corriente de Humbolt que convergen en Ecuador, esto explica porqué estas naves son desplazadas a las costas de Ecuador”, explica Anette Quinn, experta en meteorología.
Mientras tanto, Oriel Reyes, del Senan, manifestó que en Panamá no existen rutas de navegación peligrosas o de corrientes marinas fuertes como en otras áreas del mundo. “Afortunadamente en Panamá no contamos con unas rutas que podamos considerar peligrosas o que son de alta incidencia de accidentes”.
En el tema de la seguridad de las naves, este experto recomendó a los dueños de las mismas, instalarles un dispositivo de localización satelital (GPS). “El GPS, explica, es un dispositivo similar a un teléfono que envía una señal satelital que es recibida en un centro de mando que alerta a todos los departamentos de búsqueda y rescate a nivel global”. La fuente aclaró que el hecho de que un bote quede a la deriva o sufra un desperfecto mecánico en medio del océano no tiene nada que ver con el tamaño o la capacidad de este. “Son accidentes y cualquier bote de cualquier tamaño puede sufrir un accidente”, concluyó.