Sociedad

El hombre que nunca llegó, un enigma sin respuesta

El sendero que une a las comunidades de Arena de Quebro, en Mariato de Veraguas, con El Cortezo, en Tonosí de Los Santos, cubre once kilómetros. Muchos atribuyen este caso a un hecho sobrenatural, en el que misterios y leyendas cobran vida. Para otros, sencillamente se perdió.


Carlos Miguel Patterson (carlos.patterson@epasa.com) / PANAMA AMERICA

Opinión

La polvareda asola las llanuras casi desvalidas ante el candente sol de marzo. Aunque la brisa es fuerte, más puede el sofocante calor, que hace lento el caminar del ganado por los potreros que coquetean con las montañas tonosieñas, una tierra llena de enigmas.

Los campesinos llegan a sus casas, piden agua y comida. Son las 12:05 p.m., deben alimentarse para seguir en la faena de labrar la tierra para su sustento diario; esa es la vida del hombre de la campiña. Así transcurre la existencia en El Cortezo de Tonosí, en la provincia de Los Santos.

 

Mientras, algunos hombres, que con sus sombreros en el banco y el machete en el suelo tratan de comer el segundo alimento del día, comentan lo que sucedió el año pasado.

Mucha gente del poblado recuerda el mes de marzo, pues un hecho conmocionó y marcó sus vidas, relata uno de ellos.

 

Un suceso marcado por un misterio que todavía no pueden entender. ¿Qué pasó? ¿Por qué sucedió? ¿Donde está él?

“Ya hace un año que no le he vuelto a ver, se fue y no volvió, era un buen amigo”, comentó mientras se secaba el sudor de la frente Efraín Castro, pariente de Valentín Castro, el hombre que hace más de doce meses desapareció sin dejar rastro, como si la tierra se lo hubiera tragado.

El pariente de Valentín señala que lo extraño del caso es que el hoy desaparecido acostumbraba a caminar desde Arena de Quebro, en Mariato de Veraguas, hasta El Cortezo en Tonosí, provincia de Los Santos.

 

El hombre, mientras se acomoda en el taburete que está frente al portal de su casa ubicada en el inicio del sendero por donde desapareció el campesino, dice que hoy después de un año no se sabe nada del anciano de 74 años. “Solo encontramos su machete, un par de baterías y una bota, pero de su rastro, de su ropa, nada se halló”, afirma Castro.

Con Valentín son cinco las personas que han desaparecido por estos senderos en los últimos 30 años.

Son unos siete senderos que conectan rudimentariamente a las provincias de Los Santos, Herrera y Veraguas, la mayoría de estos llamados “caminos reales”.

 
Estos logares se localizan en los distritos de Macaracas y Tonosí, en la cordillera occidental de la península de Azuero.

Ni el Ministerio Público ni la Dirección de Investigación Judicial, entidades que investigan el caso de Valentín, tienen alguna pista para esclarecer este tema.

Los funcionarios de dichas instituciones han realizado las pesquisas conforme a la ley, pero no se ha encontrado nada.

Lo propio hizo el Sistema Nacional de Protección Civil (Sinaproc). Fueron más de 15 días en los que funcionarios de la institución peinaron todo el perímetro, que comprende unos 11 kilómetros entre Arena de Quebro y El Cortezo.

Más allá, se incrustaron en la reserva forestal La Tronosa, una espesa montaña por donde se llega solo a caballo o caminando.

“No encontramos nada, solo algunas pertenencias, pero de él, ningún rastro”, sostuvo Héctor Gracia, director de Sinaproc en la provincia de Los Santos.

El funcionario señaló que recorrieron no solo el camino por donde se movía habitualmente Valentín, sino otros senderos que también unen a las dos provincias.

Dijo además que los lugareños fueron los guías para la búsqueda, pues, además de conocer el sendero, conocían al hombre que se perdió entre las montañas de Los Santos y Veraguas.

Gracia añadió que los autos solo llegan a determinado lugar y después el camino se hace más difícil, por lo que la búsqueda se dificultó, pero aun así se logró recorrer todo el trayecto.

El relato

Valentín Castro, de 74 años, se dispuso a salir de su residencia en Arena de Quebro para visitar a sus familiares al otro lado de la montaña, en El Cortezo de Tonosí, en Los Santos.

Su prima Vinelbia Rosa Castro y Mario Montenegro, el esposo de esta, ya le esperaban con algo de comida y su cama dispuesta, en la noche del 2 de marzo de 2012.

Valentín salió de su casa la mañana de ese viernes soleado. Llevaba su inseparable radio de baterías, un machete, vestía pantalón oscuro y camisa blanca, el clásico sombrero y botas.

Además de visitar a su familia, cobraría el estipendio del programa 100 a los 70, pero nunca llegó donde su prima Fula, como le acostumbraba llamar a Vinelbia.

Mario, el esposo de Fula y quien tenía como un hermano a Valentín, resaltó que a aquel hombre silencioso, esbelto y de tez blanca no le gustaba la multitud, tampoco convivir con muchas personas.

“Era muy reservado, prefería llegar de noche para no encontrarse con nadie, pero era un hombre muy eficiente y trabajador”, manifiesta Montenegro.

El primo político añade que el anciano conocía el camino como la palma de su mano, pues recorría ese sendero con frecuencia.

“El caso es raro porque por esas montañas no hay animales que puedan comerse a una persona, tampoco se ha escuchado de ladrones o asesinos, y además ese trecho es muy utilizado por la gente de lugares cercanos y casi todos se conocen”, recalca Montenegro.

Supersticiones

“Ustedes qué hacen por acá, yo pensé que se habían queda’o allá en la casa en Arena”, fue la frase que recuerda perfectamente Mario que a la nada lanzó Valentín, una tardecita después de la faena de trabajo.

“Trabajó conmigo por dos años y siempre me dijo que veía a dos mujeres. La verdad no sé qué era, pero se molestaba cuando alguien le decía que no había nada”, comenta todavía dudoso el señor Montenegro.

Según el médico Juan Bustamante, esto es una alucinación, “una percepción que no corresponde a ningún estímulo físico externo. Sin embargo, la persona siente esa percepción como real”.

No obstante, para algunos lugareños es otra cosa. Montenegro reafirma, aunque es escéptico en este tipo de creencias, que en los tiempos de antes, mucha gente aprendía cosas extrañas, secretos para la suerte, pero a la vez se introducía en situaciones paranormales.

Efraín, su gran amigo, también sostiene lo anterior. “Dicen que veía cosas, era un hombre silencioso y aunque a veces por la edad se despistaba, era muy equilibrado, pero siempre veía cosas que nosotros nunca vimos”.

Eso piensan muchas de las personas del lugar; que esas mujeres a quienes el viejo Valentín veía, a quienes les ofrecía comida y con quienes conversaba, se lo llevaron aquel viernes de marzo en las montañas de Azuero.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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