
Problema crece
- 34% fue el crecimiento de la población penitenciaria entre el año 2009 y la fecha.
- 9,036 detenidos no han sido condenados todavía.
Los delincuentes han convertido las cárceles en feudos, desde donde coordinan sus operaciones criminales externas y establecen códigos internos de conducta. La situación es tan evidente que el propio director del Sistema Penitenciario Nacional, Ángel Calderón, lo reconoce.
Admite que en las cárceles hay reclusos que tienen mucho poder económico y que a base de dinero establecen códigos de conducta y logran cierto estatus.
“Como en todas las cárceles del mundo”, sostiene, en Panamá hay organizaciones criminales que quieren proteger a sus cabecillas, para lo cual “cuentan con toda la plata del mundo”. “Esa protección se traslada a las cárceles para mantener físicamente indemnes a sus detenidos”, dijo.
‘El que la hace la paga’
El estatus dentro de las cárceles se gana: “eres jefe o eres empleado”. Panamá América investigó sobre los códigos de conducta que imperan entre los detenidos en las cárceles del país.
La situación en la cárcel Nueva Esperanza en Colón es quizás la más compleja del país. Los propios reclusos aseguran que hay detenidos que se pasean por los pasillos de las galerías con armas de fuego en la mano y objetos punzocortantes para imponer su dominio.
Si algún detenido quiere una pistola, tiene que pagar entre $500 y $1,000. Y quien ose revelar cómo entran estas armas al penal recibirá su castigo de parte de los reclusos involucrados y sus compinches.
Los reos señalan que en algunas galerías impera el control de las pandillas. El hacinamiento y el mal estado de las estructuras es el principal caldo de cultivo.
Quienes paguen condenas por violación carnal, asesinatos de niños o de familiares tendrán una estadía amarga y hasta peligrosa, aunque sean parte de alguna pandilla.
Los castigos van desde golpes hasta impedirles algunos “beneficios” clandestinos, como fumar cigarrillos, comprar drogas o beber algo de licor.
La situación es parecida en la cárcel pública de Chitré, en donde las violaciones al código terminan en golpizas o heridas con armas blancas.
Juan, un hombre de 40 años que purgó en esta cárcel una condena de cinco años, afirmó que quienes se opongan a las reglas “reciben su merecido”.
Aseguró que los reos no agreden a quienes se mantienen alejados de los problemas, pero para los que alardean de ser “malos”, la realidad es otra.
Los principales problemas de violencia, con suerte, pueden terminar en golpizas y, en el peor de los casos, en heridas o muertes por arma blanca, generalmente fabricadas por ellos. Juan relató que siempre se corre la voz cuando un nuevo reo ingresará al penal. Las noticias corren y en cuestión de horas todo el mundo sabe quién llegará y por qué. Incluso, dijo, hay quienes son esperados y se les da una bienvenida, que puede ser buena si se trata de una persona conocida, un familiar o un amigo de otro recluso.
Estos nuevos integrantes generalmente cuentan con la protección y la ayuda del líder y sus seguidores. Pero si se trata de un enemigo del cabecilla del penal, un “traidor” o alguien condenado por delitos contra menores o ancianos, posiblemente la bienvenida no sea nada agradable.
“En la cárcel todo es cuestión de sobrevivir. Si tienes, compartes, y si no, trabajas para que no tengas problemas”, destacó.
Un interno consultado por Panamá América narró que en la cárcel de Aguadulce se han registrado casos de violaciones a detenidos que han abusado sexualmente o asesinado salvajemente a alguna niña, mujer o anciana. “Acá adentro la pagan”, destacó.
Añadió que hace unos años asesinaron a un detenido entre varios reos porque mató a un hermano de un cabecilla del penal.
En Chiriquí existen códigos solo entre los miembros de las pandillas. Las autoridades de la Cárcel Pública de David los separan en diferentes galerías para evitar que se registren ajusticiamientos.
Las autoridades de los penales de Los Santos, Veraguas y Panamá Oeste afirmaron que no existen códigos entre detenidos. No obstante, en años recientes se han dado casos de violación carnal para abusadores sexuales y golpizas a reos.
Vigilancia permanente
Ángel Calderón reconoció que los códigos protegen a reos por crimen organizado u otros delitos graves, quienes personalmente, o a través de terceros, amenazan a otros reclusos con matarlos a ellos o a algún familiar fuera del penal.
Con el fin de combatir estas prácticas, precisó que para esos grupos se tiene una vigilancia especial las 24 horas del día.
La supervisión cercana ha permitido que las autoridades descifren algunos de esos códigos, los cuales se mantienen en reserva para no alertar a los detenidos que representan alguna amenaza interna o externa.
La realidad en las cárceles quedó expuesta nuevamente hace unas semanas cuando circuló un video que mostraba a un detenido golpeando a otro con una especie de látigo por robarle sus pertenencias.
El hacinamiento en las cárceles es escandaloso. El sistema, que incluye penales construidos en la década de los 70 que nunca han sido reestructurados y otros que en 20 años no han recibido mejoras, fue hecho para albergar a 8,737 reos y en la actualidad tiene 14,836, lo que arroja una sobrepoblación de 6,099 detenidos.
El fenómeno se repite en todas las cárceles del país. En Panamá, la capacidad es para 6,006 presos, pero se aloja a 10,897 detenidos. La Joya tiene 4,230 presos y está diseñada para 1,568 personas, y La Joyita cuenta con 4,848 reos y tiene capacidad para 2,837.