Sociedad

Estafas a través del celular se incrementan a cuatro por día

Los delincuentes, muchos de los cuales operan desde las cárceles, se apoyan en terceros para hacer efectivo el dinero que les burlan a los incautos. Las autoridades pretenden castigar con cárcel a aquellas personas que sean sorprendidas tratando de introducir teléfonos celulares a los penales.


José Alberto Chacón (jose.chacon@epasa.com) / -

Más de 5,200 celulares han sido incautados dentro de las cárceles panameñas en los últimos tres años, según Ángel Calderón, director del Sistema Penitenciario.

Es decir que, a diario, se sacan cinco celulares de los reclusorios nacionales.

 

Este hecho confirma que desde esos sitios se están cometiendo delitos de todo tipo, como afirmó hace poco el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino. “Hay informes de inteligencia de que células de pandillas criollas están operando dentro de nuestras cárceles. Desde allí se están ordenando asesinatos, ajustes de cuentas y estafas telefónicas”, declaró Mulino.

Es precisamente este último punto el que ha hecho sonar las alarmas dentro de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ).

 

“Nuestra institución tiene la preocupación porque en los últimos meses se han incrementado los casos de estafas telefónicas, sobre todo el secuestro virtual”, contó el teniente Gustavo Batista.

Según el funcionario, en 2012 y los dos primeros meses de este año, solo se recibía una denuncia por día, pero en los últimos cinco meses, a la oficina de recepción de denuncias de la DIJ llegan entre 3 y 4 quejas de estafas telefónicas por jornada.

 

Batista señala que aunque la modalidad fue copiada de las maras de El Salvador y el crimen organizado de México, son delincuentes criollos los que están llevando a cabo este tipo de fechorías.

“A esto se dedican delincuentes nacionales e incluso convictos (presos) y exconvictos que lo hacen porque las cifras que solicitan a sus supuestas víctimas son fáciles de conseguir. Por lo general, están pidiendo de 1,000 a 3,000 dólares, dependiendo de a quién llamen para estafar”, dice.

 

Ante la aseveración de Mulino y Batista sobre el hecho de que son los presidiarios los que están dedicándose a este delito, Ángel Calderón, del Sistema Penitenciario, mencionó que no se puede negar que algunos prisioneros se vean involucrados, pero que los controles dentro de las cárceles están siendo más fuertes.

“Se hace mucho control en las visitas”, asegura.

Calderón narró que, penosamente, “hemos encontrado parejas sentimentales de los recluidos que tratan de introducir celulares, droga o dinero dentro de sus vaginas”.

La fuente también contó que los familiares que se las ingenian para ingresar objetos prohibidos tienen primero que pasar por una puerta detectora de metales y luego por un escáner de rayos X antes de tener contacto con algún detenido.

El jefe de las cárceles explicó que el problema también surge a lo interno de la institución porque hay muchos custodios y unidades de la Policía Nacional (PN) que cooperan con el crimen organizado. Los custodios devengan un salario de 500 dólares al mes.

“Cómo vamos a poder sacar las drogas, armas y celulares si cada mes estamos destituyendo y dejando en manos del Ministerio Público alrededor de 20 custodios que tratan de ayudar a los maleantes”, mencionó.

Las autoridades buscan penalizar la introducción de celulares en las cárceles.

Los criminales con solvencia económica pagan entre 2,000 y 3,000 dólares a quien les ayude a entrar un arma.

Por un celular, de 200 a 500, dependiendo del tipo de aparato.

Las penas por tratar de introducir armas y drogas en una prisión van de 6 a 10 años, según lo establecido en el Código Penal.

Sin embargo, la persona que sea sorprendida intentando meter un teléfono móvil en un centro penitenciario solo es amonestada económicamente por un corregidor con $50. Si es un funcionario del Sistema Penitenciario, es destituido.

Esta es una de las razones por las que el actual ministro de Gobierno, Jorge Ricardo Fábrega, cree que tipificando la acción se podrá empezar a disminuir las estafas y otros crímenes cometidos por los reos a través de los celulares.

“Desafortunadamente no es un delito, sin embargo, estamos estudiando la posibilidad de presentar un proyecto de ley que convierta en un delito introducir medios electrónicos de comunicación a las cárceles al margen de los que están permitidos en el reglamento del Sistema Penitenciario”, argumentó Fábrega.

En este mismo sentido, Calderón adelantó que están en conversaciones con todas las empresas telefónicas para regularlas y establecer un bloqueo general en el perímetro de los complejos carcelarios.

“Si colocamos un bloqueador de señal telefónica con una frecuencia limitada, de nada vale porque las compañías telefónicas tienen la capacidad de aumentar su cobertura. Esa señal viaja por arriba de nuestro espacio bloqueado”.

Tipos de estafas

Los nuevos modus operandi de la delincuencia organizada tienen dos nombres: “secuestro virtual” y “estafa del viajero”.

La primera, según Batista, consiste en mantener en línea a una persona por buena cantidad de minutos engañándola con que se ha ganado un premio, pero tiene que permanecer en línea para corroborar sus datos”, manifiesta Batista.

“Mientras el celular de la víctima está en uso por varias horas, se le informa a un familiar de esta que ha sido secuestrada y se solicita un rescate”. Como el celular del presunto ganador está apagado o en línea, destaca Batista, los familiares le creen al delincuente y hacen el depósito del dinero que es solicitado.

“Según las investigaciones, ese dinero es depositado en la cuenta bancaria de una tercera persona”. Pero además, por los controles bancarios, se envía el pago por medio de empresas de encomiendas. “Así es más difícil de perseguir al transgresor porque, por lo general, envían a un tercero y este le pide ayuda a otra que esté en el local para que le sirva de puente retirando la plata”, sostiene.

El otro delito de moda es la estafa del viajero. El modus operandi de este consiste, explica Batista, en enviar un correo electrónico a varios conocidos solicitando apoyo económico.

“Son cometidos por hackers que obtienen información detallada de sus víctimas tras violar sus cuentas de correo o robar sus celulares, iPad, tablet o computadora. El dinero de los incautos es enviado fuera del país a través de empresas de encomiendas, y para su retiro, las bandas usan a terceras personas”.

Poca eficacia

Las autoridades no manejan cifras específicas de los casos que se cometen, debido a que la mayoría de las víctimas no denuncian los hechos. Sin embargo, las estadísticas criminales dan cuenta de que la estafa es el tercer delito más efectuado en el área metropolitana de la capital, después del hurto y el robo. El 30% de estas malas prácticas son cometidas a través de un celular.

“Aunque la mayoría de las veces las llamadas se hacen ocultando la identificación del número telefónico, tenemos aparatos para interceptar las llamadas y de allí empezar las investigaciones”, explica la fuente.

De acuerdo con Batista, en un gran número de los casos procesados por las autoridades de la DIJ, “los estafadores son reincidentes en la comisión de este tipo de delito, debido a su baja penalidad”.

De hecho, revela, “hay estafadores que tienen 15 y hasta 20 denuncias por este delito, pero estas se procesan individualmente y el imputado obtiene medidas cautelares”.

Medidas

Daniela Fuentes, experta en redes sociales, recomienda no colocar datos personales en cuentas de Twitter o Facebook. “Evite publicar el lugar donde está o fotos de familiares, eso nos hace vulnerables”.

Por último, el teniente Batista aconseja no dar número de cédula ni dirección de residencia si lo llaman anunciándole que se ganó un premio.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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