- 41 mil niños, niñas y adolescentes realizan algún tipo de trabajo peligroso en el país.
- 51,410 menores de edad en trabajo infantil en Panamá.
Vivencias de los habitantes
- La beca sería una ayuda bastante grande para él, porque me da dolor cuando trabaja y no puede estudiar, porque muchas veces no se les puede comprar sus útiles escolares. Yanitza Andrade - Madre de Emanuel
- Los conozco y sé que los niños lo hacen para ganarse sus realitos para comprarse pastillas, helado, soda. Les digo que el dinero no es todo y que deben esmerarse en estudiar. Teodoro Tejada - Morador
Cuando sea grande, Emanuel quiere ser como Lionel Messi. Le gusta, como a todo niño, el fútbol, y la felicidad se desborda en su rostro al patear un balón, pero con apenas 12 años de edad sabe qué es ponerse al lomo una caja de soda, un par de maletas y hasta maniobrar una carretilla para vender pescado en la isla de San Miguel, en el archipiélago de las Perlas.
Mientras esperan la llegada del ferry, Emanuel junto a tres de sus amigos y también compañeros de clases, desarrollan una amena conversación acerca del tamaño de los motores de las barcazas encalladas sobre la arena.

Escucharlos es como tener en frente a viejos lobos de mar que conocen de la faena. Su voz es la que más sobresale de entre todos, y sorprende por su nivel de conocimiento. Típico de los que crecen en la isla de San Miguel, donde es normal que la mayoría de la niñez suelte el balón de fútbol y salte a un bote en altamar.
Él, como otros niños en San Miguel, espera la llegada todas las semanas de una embarcación para descargar la mercancía. Tarea que realiza desde los nueve años de edad, un par de veces a la semana, y en la mayoría de las veces en compañía de un grupo de seis o nueve vecinitos, contemporáneos con él, y otros de más edad.

Muchas veces el trabajo los llama en horas de clases y dejan de asistir al colegio por ir a desembarcar la mercancía que llega a la isla en las bachas, como se le conoce a las embarcaciones que transportan mercaderías o artículos procedentes de la capital.
“Me paro a las 7:00 a.m. o 8:00 a.m. Me gano de 20 a 30 dólares por día; a veces la carga es pesada”, contó Emanuel, aunque por los años que tiene en esto ha salido librado de las secuelas que pueda dejar este tipo de labor en su cuerpo, que aparenta el de un niño de nueve años.
Necesidades
¿Por qué trabajas?, la pregunta obligada. “Yo lo quise hacer por cuenta propia, porque en casa hacía falta para la comida y los útiles escolares”, respondió el pequeño.
Cuando la mercancía se termina de descargar, la ganancia Emanuel se la entrega a su mamá para ayudar en las necesidades que hay en casa, porque aparte de él sus dos hermanos dependen de lo que logra hacer en el día.
En Panamá, 1,969 niños y adolescentes trabajadores han sufrido algún tipo de enfermedad o heridas.
Su madre Yanitza Andrade confiesa que se le parte el alma ver que su hijo la quiere ayudar y muchas veces le ha tocado ayudarle. Asegura que no lo obliga a hacerlo, pero desde pequeño supo reconocer el sacrificio que me tocaba hacer para mantenerlos a él y a sus hermanos. “Cuando llega un barco o hay que vender pescado, sale con su carretilla y ayuda con los gastos del hogar”, manifestó.
Las oportunidades para madres solteras como Yanitza son pocas en las islas, donde la pesca y la agricultura son las principales actividades de subsistencia, desarrolladas principalmente por los hombres.
Un corte de cabello o pintar un par de uñas a veces suelen resolverle el día. Con 15 dólares hace magia para prepararle un almuerzo ligero y una cena a sus tres hijos.
Al día siguiente espera que la misma oportunidad llegue, de no ser así, lo que gane su hijo es bien recibido.
Quién más que Teodoro Tejada para conocer las necesidades que apremian en los hogares de estos niños. A pesar de que los regaña constantemente y los aconseja a dejar de hacerlo, porque es muy peligroso, la misma insistencia en sus consejos la replican los pequeños que se aparecen cuando llegan las bachas.
“Quiero trabajar para llevar algo de plata al recreo y comprar en el quiosco, porque mi mamá no me da, mi papá no me da plata”, es la respuesta a sus regaños.
En San Miguel, para algunos padres trabajo es sinónimo de ganarse la vida desde temprano, prefieren eso a que el ocio absorba a sus hijos.
Un promedio de 50 niños se han detectado en esta isla realizando trabajos, donde los más grandes, entre los 13 a 17 años, se dedican a la pesca, buceo y una actividad común entre los que crecen en la isla, boteros.
Los adolescentes aprenden la labor desde chicos, viendo. Parten desde muy temprano, muchas veces antes del amanecer, y se encargan de maniobrar la panga, mientras el resto de los tripulantes cosechan los frutos del mar.
Allan tiene 14 años, lleva dos años como botero y hoy más que nunca se ve obligado a hacerlo. Se encuentra solo en casa, bajo la supervisión de su abuelo. Su padre ha caído en el hospital y su madre tuvo que viajar a cuidarlo en la capital.
Dos o tres veces por semana sale en compañía de otros buceadores y se interna en altamar. Hay días bueno, como otros no tanto, donde muchas veces el clima no les acompaña.
La ganancia es atractiva, por encima de los riesgos que corren. Por un cubo de langostas se gana 50 dólares diarios y si la pesca arroja cien libras de producto del mar recibe $20, comentó Allan, quien ahorra parte del dinero que recibe.
En la isla, en el centro básico general José Irene Muñoz, se reporta un 30% de ausentismo, consecuencia de que muchos de los alumnos en edad escolar están inmersos en el trabajo infantil, pese a los esfuerzos que hacen los docentes y la directora Xenia Villalobos por lograr que permanezcan en las aulas.
Villalobos es testigo de las vivencias por las que pasan estos niños, hijos de madres solteras que no cuentan con un trabajo fijo. “Queremos seguir trabajando, si nosotros no tenemos plata”, le ha tocado escuchar de los pequeñines.
La pesca es la principal actividad que realizan los niños y adolescentes trabajadores en los poblados que se han cimentado sobre las islas del archipiélago de las Perlas.
La última encuesta de 2012 sobre trabajo infantil reveló que 27,734 menores de 17 años de edad realizan algún tipo de trabajo de manera informal en la ganadería, pesca, agricultura, caza y actividades conexas.
Allan y Emanuel están próximos a ser beneficiados, al igual que unos 38 niños de las islas, con el Programa de Ayuda Directa del Ministerio de Trabajo y Desarrollo Laboral, que les otorga una beca anual de 420 dólares, con la finalidad de que salgan del trabajo infantil, pero mientras llegue la ayuda económica siguen realizando un trabajo de adultos, por la necesidad que les impera.