Opinión
- Jaime Jácome
- jacome2557@yahoo.com
Mayores controles
- Haber decomisado casi 500 armas de guerra en año y medio es extremadamente alarmante y evidencia que existe tráfico internacional de armas. Para acreditar esto, Interpol cuenta con una base de datos de armas de fuego, que dice el número de serie y la trayectoria legal del arma. Si un arma se fabrica en Bélgica, por ejemplo, el fabricante está obligado a informar de tal hecho y del destinatario del arma, que será un importador, por ejemplo, en México. Este importador debe registrar el arma ante las autoridades de ese país y cuando la vende, el comprador también la registra a su nombre, y así sucesivamente con cada traspaso. Recuerde que el primer indicio del uso de una arma en un acto criminal lleva automáticamente a quien la tiene registrada, o sea, que si a alguien se le pierde o le hurtan un arma de fuego, lo más probable es que inmediatamente reporte el hecho para evitar complicaciones. Si el arma sale del país, las autoridades deben autorizar la salida ya que las aerolíneas solo permiten esto con autorización, igual las aduanas y los puertos. Y a la entrada al país, la autoridad retiene el arma hasta que se registra legalmente. Si un arma de fuego se extravía o es hurtada, sea de un particular, de una empresa o del Estado, este hecho queda registrado ante la autoridad competente que tiene la obligación de hacer el reporte a Interpol, que pone la información a la disposición de todas las Policías del mundo para conocer su origen. Sería interesante que las autoridades den a conocer, así mismo, cómo suministran estas estadísticas, si existe alguna investigación sobre una posible red de tráfico de armas, que informen el origen de tantas armas de fuego; sería interesante saber si son traídas del extranjero y en este caso cuál es el origen.
El feroz ruido irrumpió en el cuartel; era sábado y las puertas estaban abiertas.
Dentro de aquella subestación de la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), en Los Andes N.°2, varios agentes apretaron sus dientes por los estruendosos disparos. Acto seguido, los policías se ajustaron sus chalecos y la adrenalina empezó a correr.

Al llegar a la escena, Mario, una unidad de la DIJ que prefirió reservar su verdadera identidad, contó que la sangre corría como arroyo. El ajusticiado presentaba 30 orificios y el auto en el que iba, cerca de 40 impactos.
Lo que provocó la impresión de las autoridades en aquella sangrienta noche fue que los verdugos no usaron uno, sino dos fusiles de guerra, una AK-47 y una subametralladora MP-5, para acabar con la vida de un joven de 23 años.

Pero además, cuenta la fuente, durante el operativo posterior al hecho se encontró más de un centenar de municiones vivas de aquellas armas en un auto abandonado por los malhechores.
Según datos de la Policía Nacional, en lo que va de este año se han decomisado 451 armas ilegales de todo tipo. Cerca del 50% (225) de estas son de uso bélico.

Mientras, en 2012 las autoridades lograron sacar de circulación 850 armas ilegales; el 30% (255) de aquellas incautaciones fue clasificado como fusiles de asalto o de guerra: la mayoría Avtomat Kaláshnikov (AK-47), de fabricación rusa, y el resto, subametralladoras de origen israelí.
En otras palabras, la posesión de este tipo de armamento, que se supone solo deben utilizar los estamentos de seguridad, está en manos de delincuentes comunes, sicarios y narcotraficantes.
Y la pregunta que se hacen las autoridades es ¿cómo llegan esos armamentos a las manos de estos sujetos o de dónde las obtienen?
Severino Mejía, experto en criminalística y exviceministro de Seguridad, considera dos hipótesis.
Algunas de esas armas, señala, pudieron haber sobrevivido a la invasión. “Las extintas Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP) dejaron regadas muchas”.
“Las fuerzas armadas las repartieron a los batalloneros para que estos las usaran contra los soldados estadounidenses. Pasada la crisis, muchas personas se adueñaron de ellas y nunca las reportaron”.
La otra explicación de Mejía es que actualmente las pandillas o grupos de delincuentes organizados “reciben armas de este calibre como pago por sus servicios, sea por transportar drogas, por tumbes e incluso por muertes por encargo”, expresa.
Para José Raúl Mulino, Ministro de Seguridad Pública, el mercado negro de armas en Panamá no es significativo, pero sí el hurto de ellas. “Aunque no poseemos un mercado masivo de armas ilegales, en los decomisos siempre se reportan armas tipo escopetas o fusiles. Eso se debe en gran parte al hurto que se realiza a guardias y empresas de seguridad”.
Mulino adelantó que Panamá y los demás países de Centroamérica van a implementar en dos meses un proyecto en el que un software identificará cada arma con permiso a nivel nacional y llevará el reporte de cada arma perdida.
En tanto, para Jaime Abad, exdirector la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ), el uso de estos fusiles de guerra entre facinerosos tiene un solo objetivo: intimidar.
“Los narcotraficantes están enviando un mensaje claro a sus rivales y a los estamentos de seguridad, en este caso a la Policía... Están peleando su territorio de distribución de drogas y están expresando que también están pertrechados”, explica.
Mejía amplía el análisis al indicar que no solo los sicarios están utilizando fusiles de asalto para los asesinatos, sino que además se usan entre antisociales comunes por simple venganza o ajustes de cuentas.
“Equivocadamente se piensa que todos los homicidios tienen que ver con actividades del crimen organizado. Eso no forzosamente es así. Pueden ser provocados por un acto de venganza posterior a una riña”.
Este incremento de violencia, aumentado por el uso de fusiles de guerra, se debe a la falta de políticas de seguridad integral, dice el sociólogo Danilo Toro.
“De qué vale que la Policía desarticule una banda en un lugar marginal si después no acude al sitio personal del Ministerio de Desarrollo Social, el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud. Se ha desatendido la prevención, la seguridad debe ser total”.
Mientras, Roberto Pinnock, otro sociólogo consultado, cree que por más operativos que hagan las autoridades, el tema debe empezar a combatirse desde los hogares. “Si compramos armas de juguetes a los niños, entonces ¿qué esperamos de esos futuros hombres?”, menciona.
Otro asunto que ha incrementado los asesinatos con este tipo de armas es el precio que están pagando los narcotraficantes a los sicarios, afirma Toro.
“El autor intelectual ofrece hasta 5 mil dólares, dependiendo de quién sea la víctima”.
Marco Aurelio Álvarez, un pastor que ayuda a expandilleros de El Chorrillo a reintegrarse a la sociedad y al sistema laboral, piensa de otra manera.
En esa álgida área, declara, el valor y el significado de la vida entre los criminales, y sobre todo para los menores de edad que se atreven a cometer homicidios por encargo, se reduce hasta en un dólar.
“Esa es la tónica que se está dando... Tú te puedes vender desde un dólar hasta por 3 mil. Lo que pasa es que la necesidad y el hambre que padecen estos homicidas jóvenes son los que le ponen precio a la vida de otros”, relata.
Pero el uso de estas armas requiere de un entrenamiento previo y no cualquiera está capacitado para halar el gatillo.
“Es sumamente peligroso usarlas sin conocer su funcionamiento. Ellas disparan una ráfaga de 30 balas en un segundo. Aparte de que por su peso y su largo alcance, un inexperto puede impactar objetos o personas que no estaban en el punto de mira”, concluye Frank Ábrego, del Servicio Nacional de Fronteras.