Hay elementos que ponen en riesgo el Objetivo del Milenio de asegurar la enseñanza primaria universal y declarar a Panamá como país libre de analfabetismo.
En la actualidad y a 18 meses para que llegue el año de las metas, los problemas sociales como la pobreza, la deserción escolar, así como la violencia y factores culturales, frenan ese compromiso adquirido para 2015.
El propio director de Planeamiento del Ministerio de Educación, Franklin de Gracia, asegura que no será hasta 2021 cuando el país alcance hasta un 98% de personas alfabetizadas o letradas, a pesar de que hoy la cobertura de quienes saben leer y escribir es del 94%.
“A mediano plazo, al 100% no creo; a largo plazo, de aquí a 2021, puede que estemos rondando el 98% o 99% si seguimos al paso que vamos, porque eso requiere de inversión”, dijo De Gracia sobre la asequibilidad de esa meta.
En el año 2009, cuando se publicó el último informe de los Objetivos del Milenio por parte de la Organización de las Naciones Unidas y el Gobierno Nacional, una de las observaciones era precisamente entablar estrategias contra la deserción escolar.
Este problema representa una de las preocupaciones para el sistema. Solo entre 2007 y 2011 el Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) de la Contraloría General de la República y el Ministerio de Educación registraron a 31 mil 327 desertores de la escuela primaria y en ese mismo periodo a 51 mil 836 desertores de la escuela secundaria. El promedio de deserción por año desde 2007 fue 5 mil 221 de la escuela primaria y 10 mil 367 en la secundaria.
Estas deserciones ocurren a la par del desarrollo del programa de alfabetización “Muévete por Panamá”, que solo el año pasado requirió de 1.5 millones de dólares para funcionar y que desde 2007 capacitó a 66 mil 543 personas que no sabían leer ni escribir.
A pesar de estas cifras, De Gracia explica que no necesariamente la deserción debe influir sobre el proceso de alfabetización, sino que son variables independientes y que existen otros factores que le afectan.
El funcionario explicó que aunque el fenómeno persiste, en los últimos años, la deserción disminuyó de 6% a 3.2%, en gran medida por los paliativos económicos como Beca Universal y Red de Oportunidades. “No solo es el tema de que me fui de la escuela, nosotros les llamamos factores asociados, hay un tema cultural”, agregó el director de Planeamiento refiriéndose a casos específicos en las comarcas, donde los padres requieren del trabajo de sus hijos para subsistir y hasta las alumnas pueden casarse en pleno proceso de educación.
Aunque De Gracia dice que para considerar una persona alfabeta se requiere que sepa leer y escribir, haber obtenido por lo menos la educación primaria, el sicólogo Jesús López, quien fue el primer director de “Muévete por Panamá”, reconoce que el término no se circunscribe únicamente a eso y trae al debate otros retos que deben ser tomados en cuenta a la hora de calificar a un alfabetizado.
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Para él, saber escribir y leer, pero no entender ni ser capaz de analizar o comprender es considerado como un analfabetismo funcional y esto, según él, es un mal que no discrima entre quienes desertan del colegio y hasta quienes logran posgrados universitarios.
Y si aún las personas con estudios pueden quedar como analfabetas funcionales, ¿qué futuro enfrenta el país con los todavía miles que desertan de estudiar?
La respuesta de López es “de todo”. Los niños y jóvenes quedan vulnerables a la actividad delictiva.
Y no solo a esto. También surge alrededor de esta situación consecuencias socioeconómicas, y esto mientras que por un lado se invierten recursos económicos y humanos en capacitar a un 5.5% de la población que son considerados hoy como iletrados.
El catedrático de la Universidad de Panamá Juan Jované asegura que los estudios de economistas a nivel de la región han demostrado que es en la educación de la niñez y la juventud donde un Estado puede hacer la mejor inversión. Plantea que un plan de becas, de alimentación y salud dentro de los colegios aumentaría el interés de los padres de familia en enviar a sus hijos a la escuela; sin embargo, advierte que la pobreza evita que las personas piensen en su largo plazo.
“La pobreza siempre es un círculo vicioso, lo importante ahorita es que invirtamos en los niños, hay que sostenerlos en la escuela” explicó Jované.
Entre los censos de población de 1990, 2000 y 2010, Panamá registró un decenso en el porcentaje de personas iletradas. Desde 10.7% hasta 7.6% y 5.5%, respectivamente. No obstante, López, quien fuera el primer director del programa de alfabetización, asegura que las personas aprenden a leer y escribir de una forma elemental.
De acuerdo con Nivia Rossana Castrellón, secretaria ejecutiva del Movimiento Unidos por la Educación, el país está en mejor posición para cumplir con las metas del milenio y para superar desafíos. “Una auditoría internacional ante un compromiso adquirido es importante, pero más relevante es dotar a niños y jóvenes con herramientas para superar la pobreza, la desigual distribución de la riqueza y las lacras sociales”.