Isabel Díaz
Son un aproximado de 700 funcionarios que hacen este trabajo en comunidades remotas y la mayoría, entre el 30 a 40%, está cercana a jubilarse, lo cual preocupa y obliga a formar más personal para sustituir a los que se acogen a retiro. Ellos ven malaria, dengue, leishmaniasis, chagas y otras enfermedades transmitas por vectores, explicó Carlos Gálvez, jefe de Epidemiología del Minsa.
Advirtió que en poco tiempo se van a jubilar y se podría presentar una situación delicada porque son los que dan tratamiento, toman la gota de sangre y la envían al laboratorio para confirmar si es malaria. "Calculan la dosis, le suministran el tratamiento y vigilan hasta que lo terminen".
En las comunidades indígenas apartadas, una unidad suministra el tratamiento a la población, hace la labor educativa y de saneamiento ambiental, y en los de mayor población, entre 4 a 8 inspectores hacen esta labor, porque se requiere una acción ampliada de fumigación y de evaluar a los 15 días los índices de infestación, casos sospechosos de malaria, y darle seguimiento.
"Por eso se han ganado el respeto y reconocimiento. Hay lugares donde solo entran ellos. Tienen luz verde hasta donde están los sáhilas, a ellos se les escucha".
Gálvez aseguró que si los 700 tuvieran 30 años todavía le serían insuficientes para atacar al parásito y evitar que se multiplique.
Además, vigilan en la selva en la búsqueda de animales enfermos o muertos para evitar brotes de fiebre amarilla, dengue y otras enfermedades transmitidas por los animales.