Hernán Olea, uno de los pocos supervivientes que pudo salir de entre los escombros del edificio que se derrumbó en el centro de Concepción, dejando atrapadas a más de un centenar de personas, aún no puede creer que lo ha perdido absolutamente todo y todavía no ha recibido ayuda de nadie.
La madrugada del sábado, Hernán, de 55 años, dormía junto a su esposa en su recién estrenado apartamento del tercer piso de un moderno edificio terminado de construir hace menos de un año en el centro de la tercera ciudad de Chile y una de las más afectadas por el fuerte sismo que azotó al país.
Cuando se produjo el temblor, que se prolongó durante más de dos minutos, sintió "un movimiento eterno y a continuación una fuerte explosión" cuando el edificio se vino abajo, recordaba hoy en declaraciones a Efe.
Pese a la conmoción, su instinto de supervivencia le permitió encontrar a su mujer y juntos escalar los hierros y salir de entre los escombros que los mantenían sepultados mientras escuchaban gritos ensordecedores de decenas de vecinos que pedían ayuda de forma desesperada.
Después de dejar a salvo a su esposa, volvió y consiguió sacar con vida a una niña de un año y medio y a sus padres, mientras poco a poco iba siendo consciente de la gravedad de la situación.
Durante toda la jornada posterior al terremoto Hernán colaboró con las fuerzas de rescate elaborando mapas aproximados e indicándoles qué apartamentos estaban habitados y cuáles no.
Tres días después de lo ocurrido, sigue acudiendo al edificio todos los días para observar las tareas de rescate, ya que se estima que más de 50 personas todavía permanecen atrapadas en el interior del edificio, y posiblemente algunas de ellas con vida.
Sin camiseta y con apenas una fina chaqueta que le han prestado porque no pudo salvar nada de su domicilio, Hernán todavía sigue esperando una ayuda que en el fondo sabe que nunca va a llegar.
Ni a él ni a su mujer les han indicado en ningún momento qué debían hacer o a dónde podían dirigirse para tener un cobijo, por lo que han tenido que establecerse en la casa de un familiar, donde no les queda otra opción que dormir en el suelo.
"Necesito que me digan qué va a pasar. No hemos recibido ayuda de nadie, ni siquiera una felicitación por la colaboración que prestamos", lamenta.
Hernán llevaba seis meses viviendo en el apartamento que compró tras años de trabajo y gracias a un préstamo que iba a tardar veinte años en pagar.
"Lo único que nos va a quedar es demandar a la empresa constructora, porque sino no vamos a recibir ayuda de nadie", explica resignado.
Su único consuelo es que todavía sigan rescatando a personas con vida de entre los escombros.
Desde que ocurrió el desastre, por lo menos 26 personas han sido rescatadas con vida y ocho cadáveres retirados de entre los escombros.