El Supremo Tribunal de Brasil aclaró hoy que el presidente del país, Luiz Inácio Lula da Silva, debe atenerse al tratado de extradición firmado con Italia al momento de decidir si entregará o no al ex activista de izquierdas Césare Battisti.
La corte se pronunció hoy ante un pedido de aclaración presentado por el Gobierno italiano, en el que se solicitaba precisar si el jefe de Estado puede ignorar el tratado de extradición y negarse a enviar al ex activista a su país para cumplir una pena de prisión por cuatro asesinatos cometidos en la década de los años setenta.
La extradición de Battisti fue aprobada por el Supremo el mes pasado, pero la decisión final quedó en manos del presidente Lula.
Según lo explicado hoy por el Supremo, esa decisión deberá estar ajustada al tratado firmado con Italia, que solamente contempla la posibilidad de que una persona solicitada en extradición no sea entregada en caso de que se compruebe que es víctima de "persecución política".
Ese alegato usó el Gobierno brasileño en enero pasado para otorgar a Battisti un polémico estatus de refugiado, negado primero por el órgano oficial responsable de esa área, ratificado luego por el Ministerio de Justicia y finalmente anulado por el Supremo.
Ante la acción presentada por el Gobierno italiano, el magistrado Eros Grau esclareció hoy que la decisión del presidente Lula no podrá ser tomada en forma "discrecional", sino a la luz de lo que está establecido en el tratado de extradición.
En caso de que Lula decida no entregar a Battisti, su decisión podría ser "objeto de otro proceso", incluso contra el propio presidente, por lo que se califica como "crimen de responsabilidad", indicó Grau.
La ley brasileña tipifica como crimen de responsabilidad aquellos relacionados a la violación de "tratados legítimamente acordados con países extranjeros".
El magistrado Cezar Peluso, que actuó como instructor en el proceso de extradición, coincidió con Grau y dijo que "el acto del presidente (al decidir sobre la extradición) será discrecional, pero las consecuencias que pueda tener su decisión son otro capítulo".
Battisti fue juzgado y condenado a cadena perpetua en Italia en 1993 por el asesinato de dos policías, un joyero y un carnicero, todos cometidos entre 1977 y 1979.
El antiguo integrante de la banda armada Proletarios Armados por el Comunismo, brazo del grupo Brigadas Rojas, escapó de la condena porque vivía en Francia, donde gozó de refugio político hasta 2004.
En aquel año, las autoridades galas aprobaron su extradición y Battisti huyó a Brasil, donde vivió en clandestinidad hasta que fue arrestado en marzo de 2007 en Río de Janeiro.
Desde entonces, permanece detenido en una prisión de Brasilia, de la que sólo salió hace diez días, para responder ante un juez de Río de Janeiro por haber ingresado a Brasil con documentos falsos.