Estados Unidos concluyó en su posición habitual al frente del medallero en los Juegos Olímpicos de Sydney, pero su prestigio se vio afectado en el último día en el boxeo y el baloncesto.
La tabla de medallas al final de 17 días de competencias dejó a Estados Unidos con 39 medallas de oro, seguido por Rusia con 32 y China con 28.
Pero los estadounidenses se quedaron sin oro en el boxeo por primera vez desde 1948, cuando su legendaria tradición olímpica con figuras como Floyd Patterson o Muhammad Ali quedó por el suelo.
Su desempeño en el baloncesto masculino, en el que aparecían como inmensos favoritos, también careció de brillo.
Estados Unidos derrotó por 85-75 a Francia en la final pero perdió el aura de invencibilidad y abrió la posibilidad del fin del dominio ejercido desde 1992, cuando comenzó a incluirse a los jugadores profesionales de la NBA.
Nunca habían ganado por menos de 22 puntos en Juegos Olímpicos desde Barcelona 1992. Pero en Sydney su margen de victoria en cuatro de los últimos cinco partidos fue de 15 puntos o menos y se salvaron del desastre en la semifinal ante Lituania, a la que vencieron por 85-83.
Estados Unidos, la gran superpotencia olímpica, llegó a Sydney con grandes esperanzas y varias de ellas quedaron en el camino.
La velocista Marion Jones no pudo consumar la hazaña de ganar cinco medallas de oro en el atletismo y debió conformarse con tres oros y dos bronces.
Los estadounidenses no pudieron imponer ningún récord mundial en la pista del Estadio Australia pese a la presencia del gran Maurice Greene en los 100 metros y los relevos 4x100, en que ganó dos oros.
En el maratón, la última competencia de los Juegos del Milenio, Gezahgne Abera confirmó el dominio etíope en las carreras de fondo con una brillante victoria.
LAS DROGAS NO SE ALEJAN
Las drogas, que constantemente amenazaron con arruinar el maravilloso espectáculo en Sydney, aparecieron también en la jornada final cuando se anunciaron dos nuevos casos positivos por el uso de esteroides.
Uno de ellos fue el del pesista armenio Ashot Danielyan, a quien se le quitó la medalla de bronce en la división superpesada, convirtiéndose en el cuarto pesista que debe devolver una presea.
El otro caso fue el del noruego Fritz Aanes, quien terminó cuarto en la división de los 85 kilos de la lucha grecorromana y que fue descalificado.
El número de casos positivos de dopaje durante los Juegos Olímpicos llegó a siete, pero todavía hay muestras por analizar de los últimos días de competencia.
Estados Unidos, acusado de ocultar casos de dopaje entre sus atletas, fue aún más fuertemente criticado.
Arne Ljungqvist, director de la política antidopaje de la Federación Internacional de Atletismo (FIAA), dijo que Estados Unidos había entregado dos casos positivos por nandrolona en los últimos dos meses pero no había aplicado sanciones.
Pero el Comité Organizador estaba determinado a cerrar con broche de oro la olimpiada, sin permitir que nada opacara sus logros, y diseñó una espectacular ceremonia de clausura con el sobrevuelo de un bombardero y un hermoso despliegue de fuegos artificiales.