Un tribunal de Tailandia desestimó hoy la solicitud de Estados Unidos para extraditar al presunto traficante de armas de origen ruso Viktor Bout, conocido como el "Mercader de la Muerte" y acusado de terrorismo por haber suministrado misiles a la guerrilla colombiana.
El juez tailandés dio a las autoridades de EEUU un plazo de 72 horas para decidir si recurren el fallo, y si eso no sucede, Bout saldrá en libertad.
Washington le implica en operaciones para vender armas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Al Qaeda y conspirar para asesinar a funcionarios estadounidenses, delitos por hubiera sido condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.
Bout, detenido en Bangkok a mediados de 2008, insiste en que los cargos presentados contra él son falsos y que su arresto fue una operación política urdida por el Gobierno colombiano para debilitar a las FARC.
El Departamento de Justicia estadounidense le acusa de "conspirar para dar apoyo material a una organización terrorista extranjera" al haber gestionado la venta de lanzacohetes y misiles a la guerrilla colombiana.
Por contra, la defensa argumenta que el arresto de Bout es ilegal puesto que no cometió crimen alguno en Tailandia, y que Estados Unidos carece de competencias sobre las actividades de su cliente en otro país.
Inicialmente, iba a ser juzgado en Bangkok por un delito de apoyo al terrorismo, que se castiga con un máximo de diez años de cárcel, pero la Fiscalía tailandesa retiró los cargos por falta de pruebas antes de arrancar el proceso de su posible entrega a EEUU.
Bout, cuya vida inspiró la película de Hollywood "Lord of War", vio truncada su carrera en el KGB tras el colapso de la Unión Soviética y se dedicó entonces a vender armamento a naciones en conflicto como Sierra Leona, Angola o la República Democrática del Congo.
Según un informe de Amnistía Internacional de 2005, lideró redes de tráfico de armas en Bulgaria, Moldavia y Ucrania, entre otros países, y también ha sido relacionado con el notorio "señor de la guerra" y ex presidente liberiano Charles Taylor, quien está siendo actual juzgado en La Haya por crímenes de guerra.
El "mercader de la muerte" emula a su copia de Hollywood al rozar la libertad
Este antiguo espía soviético, acusado de suministrar armamento en los conflictos más sangrientos del planeta y a grupos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y Al Qaeda, saldrá en libertad en el plazo de 72 horas si las autoridades estadounidenses no recurren el fallo emitido por un tribunal tailandés.
En ese plazo, este hombre que domina el ruso, uzbeko, inglés, francés y portugués; y que tenía en su poder cinco pasaportes con apellidos distintos cuando fue apresado, podrá retomar "una vida normal", como recientemente aseguró que hará en caso de recuperar la libertad.
De este modo, el hombre de carne y hueso llevado a la categoría de leyenda del crimen gracias a la película "El señor de la guerra", emulará al personaje encarnado por Nicholas Cage y podría escapar una vez más a la persecución judicial.
Bout iba a ser inicialmente juzgado en Bangkok por un delito de apoyo al terrorismo, castigado con un máximo de diez años de cárcel, pero la Fiscalía tailandesa retiró los cargos por falta de pruebas antes de arrancar el proceso de extradición a Estados Unidos.
Nacido en 1967 en Dushambé, la capital de Tayikistán; Bout se graduó en el Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú a finales de la década de los 80 y trabajó como intérprete para la ONU en Angola, en 1991.
Tras la caída de la URSS, ejerció como traductor para la Fuerza Aérea rusa en la base militar de Vitebsk y se enroló en el Servicio Federal de Seguridad (antiguo KGB), donde alcanzó el grado de mayor, tras lo cual emigró a Bélgica (1995).
En ese país, en el que figuraba como propietario de la aerolínea Transavia Export Cargo, abrió su primer negocio de exportación de flores y productos alimenticios.
En 1998, se trasladó a los Emiratos Árabes Unidos, donde residía antes de su detención junto a su mujer y su padre, que ostentó también un alto cargo en el KGB en tiempos de la Unión Soviética.
Pese al fallo del tribunal tailandés, las acusaciones contra Bout son numerosas y provienen de reputados organismos internacionales y Gobiernos.
Según los servicios secretos estadounidenses, Bout encabezaba "una de las mayores redes privadas de transporte aéreo del mundo", con parada y posta en países de Oriente Medio, Europa Oriental, África y Estados Unidos; mediante la cual podía distribuir tanques, helicópteros y armamento pesado en cualquier rincón del planeta.
Washington también acusa a Bout de haber violado casi todos los embargos a la venta de armas impuestos por la ONU en zonas de conflicto de África y Asia.
En 2006, el entonces presidente estadounidense George W. Bush dio un paso más y congeló los activos de varios empresarios implicados en la venta de armas en el Congo, entre los que se encontraba Bout.
La ONU, por su parte, denunció en uno de sus informes que Bout traficaba con armamento procedente de fábricas en Ucrania, Moldavia y Bulgaria; y también había transportado mercenarios a zonas en guerra.
Naciones Unidas aseguraba que, en 2000, el acusado vendió armas a la guerrilla angoleña UNITA por valor de quince millones de dólares (equipos antiaéreos, piezas de artillería, proyectiles antitanque y bazokas); y que también suministró equipos militares a milicias de Ruanda y Uganda.
Bout estaba en busca y captura internacional por parte de las autoridades belgas y estadounidenses desde 2002, cuando se le relacionó con Al Qaeda, organización con la que supuestamente comerció antes de los atentados del once de septiembre, al igual que con el movimiento Talibán.
Antes de su detención, el M16 británico calificó al traficante como el "principal suministrador de armas a la red terrorista de Osama Bin Laden".
Según fuentes independientes, Bout habría también suministrado equipos a las tropas estadounidenses tras la invasión de Irak, en 2003.
Bout, que posee la compañías Great Lakes Business, Compagnie Arienne des Grands Lacs, Bukavu Aviation Transport y Business Air Services, entre otras, siempre ha negado estas acusaciones.
"Mis compañías se dedican a la venta de tecnología rusa", ha señalado.