El observatorio submarino Antares acaba de instalar un telescopio de nueva generación a 2.400 metros de profundidad en las costas de la isla de Porquerolles, en el sudeste de Francia, un proyecto destinado a avanzar en la comprensión del origen del universo.
Este telescopio dispone de varios módulos ópticos -apodados "los ojos de Antares"- aislados en globos de cristal que resisten una presión de 600 bares.