Los conductos que distribuyen el agua adentro de los pinos, abetos y otros coníferos son 10 veces más cortos que los de los árboles de flor, pero resuelven el problema con válvulas microscópicas, según publica la revista "Science".
La mayoría de los coníferos son árboles que tienen un crecimiento monopodal, por tener un solo tronco vertical con ramas más pequeñas.