La columna terrorista que derribó el pasado miércoles un helicóptero MI-17 de la Fuerza Aérea Peruana (FAP) en la región Junín se llevó cuatro ametralladoras PKM, 4.000 cartuchos con núcleo de acero y media docena de chalecos antibalas, reveló hoy el diario La República.
El matutino limeño agregó que los terroristas, tras derribar el helicóptero, volaron la nave con explosivos, después de haber extraído el armamento y de buscar sin suerte a la tripulación.
Uno de los sobrevivientes del ataque, el capitán José Avellaneda, sacó a los tres militares muertos en el ataque, ayudó a salir del helicóptero a los cinco heridos y los escondió antes de que llegaran los subversivos.
Esos cinco heridos, más otros tres lesionados en otro atentado ocurrido el martes y a quienes el helicóptero iba a socorrer, están todavía en la zona y se espera que sean rescatados hoy.
Las labores de auxilio a los caídos se suspendieron hasta este viernes debido al intenso acoso de los terroristas a las naves que llegaron en apoyo y, según La República, un número no precisado de fuerzas especiales del Ejército salieron de la base de Jauja por tierra y aire para completar el rescate en otros dos helicópteros.
Los comandos están preparados para bombardear con granadas las partes altas de Sinaycocha, donde están los francotiradores de los narcoterroristas.
Fuentes del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas consultadas por La República señalaron que el Ejército no pudo desplazar sus helicópteros porque están en mantenimiento.
A diferencia de las máquinas de la FAP -como la que fue atacada-, las del Ejército sí cuentan con blindaje, apuntó el periódico.
Los atacantes estuvieron a 150 metros de distancia del helicóptero caído provistos de ametralladoras PKM, el mismo tipo de arma que robaron de la nave derribada, según manifestaron al diario fuentes de la Región Militar del VRAE, a la cual pertenece la zona del ataque.
De otro lado, el primer ministro peruano, Luis Velásquez, rechazó la propuesta del legislador oficialista Luis Giampietri de declarar el Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE), donde se concentran los ataques narcoterroristas, como "zona de combate" o en "estado de sitio".
Velásquez opinó, en entrevista con Panamericana Televisión, que la respuesta del Estado debe estar dentro de los mecanismos democrático, "tal como lo hace el Gobierno colombiano con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)".
El jefe del gabinete ministerial se quejó de que la oposición pida que se conozca la estrategia oficial de combate al terrorismo en el VRAE, y justificó su secreto porque "el enemigo puede aprovecharse de eso".
"Tenemos inconvenientes, pero vamos a ganar esta batalla, vamos a liquidar al narcotráfico y al terrorismo dentro de la democracia, de eso estamos seguros", admitió Velásquez .