El Boeing 787 Dreamliner realizará mañana su primer vuelo de prueba, un importante paso para la compañía aeronáutica estadounidense tras más de dos años de retraso en la producción del nuevo avión y que han costado a Boeing varios miles de millones de dólares.
Boeing ha convocado a prensa, socios y empleados para el primer despegue del Dreamliner a las 17.00 GMT desde la planta de la compañía en Everett, cerca de Seattle.
Si las condiciones meteorológicas lo permiten, el Boeing 787 aterrizará cuatro o cinco horas más tarde en un aeropuerto al sur de la ciudad.
Boeing ha puesto muchos recursos y esperanzas en este modelo que, según algunos expertos, podría marcar futuros estándares en consumo de combustible y autonomía de vuelo.
El Dreamliner promete además ser el avión más confortable para los pasajeros construido hasta la fecha. Según los datos facilitados por Boeing, el 787 tendrá una cabina más ancha que la de otros aviones medianos, lo que se traducirá en asientos más amplios, mayor espacio en el pasillo y más espacio para el equipaje de mano.
Las ventanas son también más grandes que las de sus competidores y se ha mejorado tanto la calidad del aire como el nivel de humedad en la cabina de pasajeros para hacer el vuelo más agradable.
Boeing promete también que el Dreamliner ofrecerá vuelos más tranquilos, pues dispone de sensores especiales que controlan en cierta medida la reacción del avión ante una turbulencia.
El Dreamliner, con capacidad para entre 210 y 250 pasajeros, fue la respuesta de Boeing al Airbus 380. Frente al macro avión del consorcio europeo, el grupo estadounidense prefirió apostar por un modelo de tamaño mediano con menor consumo y nuevas características en la cabina para mejorar la experiencia de vuelo.
El concepto parece haber tenido éxito entre las aerolíneas y Boeing ha recibido ya 840 pedidos por valor de 140.000 millones de dólares.
Sin embargo, la producción del Dreamliner acumula ya dos años y medio de retraso y aunque Boeing tiene previsto suministrar el primer avión a la aerolínea japonesa All Nippon Airways a finales del próximo año, algunos expertos opinan que no podrá cumplir con este compromiso.
Boeing podría necesitar más tiempo para corregir los problemas que puedan producirse durante el vuelo de mañana, señalan. El 787 no ha reaccionado siempre como se esperaba en los modelos realizados por computadora y el avión falló un test de tensión en su ala que obligó a Boeing a cancelar un primer vuelo de prueba en junio.
Otro problema podría ser el peso del aparato, un factor clave para conseguir la reducción del 20 por ciento en consumo prometida por Boeing.
El grupo aeronáutico se ha visto obligado a añadir más metal al fuselaje del aparato de lo previsto inicialmente y la compañía ya ha reconocido que los primeros 787 en salir de la fábrica serán más pesados de lo que se preveía, aunque no ha especificado cuánto.