Fuerzas estadounidenses y kurdas completaron ayer la conquista del norte de Irak, al tomar la ciudad de Mosul sin encontrar resistencia, pero la anarquía reinaba en Bagdad y otras ciudades iraquíes capturadas.
La caída de Mosul, la tercera ciudad iraquí, dejó a Tikrit, cuna del derrocado líder Sadam Hussein y enclavada 175 kilómetros al norte de Bagdad, en el próximo objetivo más significativo de las tropas norteamericanas.
Pero mientras bombarderos estadounidenses continuaron atacando posiciones alrededor de Tikrit, el paradero de Hussein, sus dos hijos y los principales miembros de su gobierno seguía siendo un misterio.
Efectivos de la 173ra Brigada Aerotransportada se desplazaron para asumir el control de la estratégica ciudad norteña de Kirkuk, tomada el jueves por combatientes kurdos junto con fuerzas especiales estadounidenses.
La violencia, saqueos y pillaje persistían en Bagdad, Mosul y la ciudad sureña de Basora, al brotar las pasiones en las calles tras 24 años de gobierno absoluto de Hussein, y desaparecer las autoridades y la Policía.
Mientras tanto, el Pentágono restó ayer importancia a los saqueos y desórdenes ocurridos en Bagdad y otras ciudades de Irak tras el desmoronamiento del régimen de Hussein, y los achacó a una “comprensible” reacción tras décadas de represión.
Comandantes iraquíes del Ejército regular de Mosul y Estados Unidos alcanzaron ayer un acuerdo para una capitulación sin combates, indicó un portavoz del Partido Democrático del Kurdistán (PDK), Hoshyar Zebari.
“Hubo un acuerdo entre Estados Unidos y los comandantes iraquíes” sobre una rendición sin combates, indicó en Erbil este dirigente del PDK contactado telefónicamente desde Mosul, una importante ciudad petrolera del norte de Irak.
Otro dirigente del PDK había indicado previamente que estadounidenses y comandantes militares iraquíes de Mosul que pidieron capitular sin combate, precisando entonces aue la ciudad “todavía no” había caído.