Cuando Hind, de 22 años, empezó a tener una fuerte hemorragia, su madre la llevó rápidamente al hospital donde dio a luz una niña prematura, situación que se ha vuelto frecuente en Bagdad como consecuencia de los bombardeos de las fuerzas anglo-norteamericanas.
Sobre su cama del hospital Al Hayat, Hind tiembla todavía luego de la hemorragia que tuvo y sufre de hipotensión y de las secuelas de la cesárea que le practicaron para dar a luz a su hija. La llamó Hawassem (decisiva, en árabe) del nombre dado por el régimen iraquí a la actual guerra, "Maarakat Al Hawassem" ("guerra decisiva").
A pesar de su debilidad, Hind quiere regresar a su casa para estar cerca de su marido y de su hijo cuando vuelvan a empezar los bombardeos. Se consuela contemplando a su hija. "Quise llamarla Hawassem, el nombre dado a la guerra, para que sea de buen augurio para Irak en su combate" contra las tropas norteamericanas y británicas, declaró a la AFP.
La abuela de Hawassem, Muntaha Hussein, relata que Hind sufrió al tener que bajar las escaleras del edificio de cuatro pisos donde viven, ya que el ascensor no funcionaba por los cortes de energía eléctrica desde que empezaron las hostilidades, el 20 de marzo.
"Pero sobre todo estaba aterrada por los bombardeos, algunos de los cuales se escuchaban cerca de casa. Estaba muy cansada e inquieta en los últimos días. Dio a luz un mes antes de tiempo", dijo. La Hermana Buchra, fundadora y directora del hospital católico de Bagdad, afirma que los abortos, nacimientos prematuros y cesáreas se han incrementado desde el inicio de la guerra.
"La ansiedad permanente, las conmociones causadas por las bombas y el susto tienen un efecto devastador en las mujeres embarazadas", asegura. "Antes, teníamos más bien partos naturales, con un número limitado de intervenciones quirúrgicas. En este momento, es lo contrario", dice la religiosa, lamentando el aumento de abortos espontáneos en el tercer o cuarto mes de embarazo.
"Mucha mujeres que habían dado a luz por parto natural en ocasiones anteriores, pidieron que se les practique una cesárea una semana o 10 días antes del término, ante la situación", aseguró.
Los bombardeos anglo-norteamericanos hicieron estallar los vidrios del establecimiento, obligando al personal a partir. La Hermana Clementina, encargada de la administración, es ahora la cocinera del establecimiento de dos pisos, la maternidad más conocida de Bagdad.
La guardería está también cerrada a causa de los bombardeos. "Una noche, en que los bombardeos fueron intensos en el barrio, las madres, presas de pánico, se precipitaron a la guardería donde dormían sus bebés, para protegerlos", cuenta la Hermana Buchra.
"Fue terrible. Nadie puede detener a una madre, entonces cerramos la guardería y entregamos cada niño a su madre", dijo con lágrimas en los ojos. "¿Es así que los norteamericanos quieren hacer su guerra de liberación? ¿Matando a los recién nacidos? Es inaceptable", afirmó.