Tránsito**Nos presentamos ávidos de observar señales de cambio. ¡Tremenda desilusión! De una de las paredes de la sala de recepción del despacho principal, penden dos cuadros grotescos que indican que todo sigue igual, salvo lo que pueda empeorar en adelante. Cual escudos de armas, a la izquierda, aparece un taxi amarillo y a la derecha un flamante diablo rojo.
Anarquía**Por si lo ignora, desde hace tiempo no hay taxis amarillos. Ese fue un fallido intento para dar cierto orden al servicio; pero los taxistas lo rechazaron, y terminó cada quien pintándolo como le viene en gana. Ahora reina la anarquía; y los taxis se confunden con los autos particulares, prestándose para fechorías. Es el propósito de una industria de tramposos y maleantes.
Salida**Los diablos rojos son una lacra, cuya presencia en el despacho denota compromiso con el atraso. El director, Angelino Harris, necesitará más que su buen currículum para resolver el caos. Debe empezar rompiendo el contubernio corrupto entre el Gobierno y los gamonales del sector; para luego abrirlo a la competencia privada, antes que pensar en Transmilenium y otras tonterías.