Un año después de terremoto los pescadores chilenos lanzan de nuevo sus redes


Con nuevos botes, redes más firmes y con la "esperanza" renovada, la pesca artesanal chilena, arrasada por el terremoto y el maremoto del pasado 27 de febrero, vuelve poco a poco a la mar, impulsada por un proyecto conjunto entre la FAO, el Gobierno y las asociaciones sindicales.


"Después del terremoto nosotros nos quedamos sin embarcaciones, sin botes, sin motores, sin redes... sin nada. Pero paulatinamente se nos ha ayudado a reconstruir", señaló a Efe Rolando Huenchunao, representante del Sindicato de Pescadores de Tirúa, población de la región de Biobío beneficiada por el plan.


El proyecto de rehabilitación pesquera, que ha beneficiado a más de 6.900 pescadores de 15 caletas de las regiones de Biobío y El Maule y del archipiélago de Juan Fernández desde julio de 2010, contó con un presupuesto de un millón de dólares, provenientes del Fondo Central de Respuesta de Emergencias de Naciones Unidas.

 

En concreto, la donación se materializó en varios "módulos completos de pesca" consistentes en más de 40 botes con sus respectivos equipos de seguridad, una treintena de motores, 20 equipos de buceo y 1.380 redes, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).


El plan de recuperación, que atendió a la solicitud de la Subsecretaría de Pesca del Gobierno chileno, destaca por su vertiente innovadora, ya que los beneficiarios identificaron sus necesidades y se coordinaron entre ellos para administrar los materiales recibidos.


"Nosotros le explicamos la situación a la FAO, que era muy grave y que no teníamos la forma de volver a la mar nuevamente, ni de poder construir nuestros botes y redes. Y ellos dijeron que tenían unos recursos, y sobre eso se trabajó", detalló Huenchunao.

 

Para la FAO, la parte fundamental de la efectividad del proyecto no solo radicó en la participación activa de los pescadores, sino en el hecho de que fueron las propias asociaciones sindicales las encargadas de recibir los bienes donados.


Con ello, el plan consiguió un doble objetivo, ya que fortaleció a las asociaciones sindicales de pescadores artesanales, y además evitó que los materiales quedaran en manos de particulares.


Tanto Huenchunao como Heriberto Arévalo, este último encargado del Sindicato de Pescadores de Quidico, una caleta situada también en la región de Biobío -la zona más afectada por el maremoto-, manifestaron su "agradecimiento" por el "buen trabajo" y la pronta ayuda ofrecida por la FAO en sus respectivas poblaciones.

 

"Ellos (la FAO) fueron los primeros en llegar a las caletas, y lo hicieron ayudando socialmente. Preguntaron qué se había perdido e hicieron un catastro", relató el encargado del Sindicato de pescadores de Tirúa.


"Junto con nosotros buscaron la forma de ayudarnos a todos. Le entregaron los materiales a nuestras organizaciones para que todos pescáramos, porque no había para cada uno; buscaron la forma de que se beneficiaran todos", añadió Huenchunao.


Ese trabajo conjunto, en opinión del sindicalista de Tirúa, trajo un beneficio extra: la "unión" de los tres sindicatos que operan en esta localidad costera, que ahora trabajan "sin egoísmos", administran los recursos entre todos y, además, han recuperado la "comunicación" perdida.

 

Sin embargo, todavía queda mucho por reconstruir. El proyecto de rehabilitación no alcanza al 50 por ciento de los pescadores artesanales afectados por el terremoto, un subsector que provee más del 90 por ciento del consumo interno de pescado en Chile.


En tanto, los pescadores vuelven a ese mar que todo lo da y todo lo quita con "ilusión" y "optimismo". Aunque siguen esperando "algo más" de ayuda del Gobierno.


"Espero que se preocupen un poco de más de nosotros", concluye Arévalo.


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101 años de Panamá América

 
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