Con un gesto que duró apenas un segundo, el presidente Vicente Fox derribó el martes casi 150 años de tradición, provocando el asombro del estamento político de México: a la llegada del Papa Juan Pablo II al país, Fox se inclinó y besó el anillo del Pontífice.
Los diarios mexicanos publicaron ayer en sus primeras planas imágenes de Fox, un católico practicante, haciendo una reverencia ante el Papa mientras besaba el "Anillo del Pescador", una costumbre centenaria que significa obediencia y fidelidad a la Iglesia Católica.
"Impacta el beso de Fox", dijo a ocho columnas el periódico El Universal, "Se entrega México a JP" destacó el diario Reforma, mientras La Jornada preguntó en su primera plana "¿Y él Estado laico?
Junto con la foto se publicaron unas declaraciones de Fox en las que el Presidente aseguró que estaría "como jefe del Ejecutivo" en la Basílica de Guadalupe para asistir a la canonización del indio Juan Diego, ya que no tiene motivos para ocultar su creencia religiosa.
Sin embargo, este diario sostuvo que las leyes mexicanas prohíben a las autoridades participar en actos litúrgicos.
Desde la fundación del estado moderno mexicano a mediados del siglo XIX, los políticos se han abstenido de expresar públicamente su fe, apegándose a leyes que separan a la Iglesia y el Estado. Históricamente la iglesia fue identificada con sectores conservadores y monárquicos, contrarios al establecimiento de la república.
En 1859, el presidente Benito Juárez proclamó las leyes de la Reforma, que decretaron la separación entre la Iglesia y el Estado, mientras confiscaba todas las propiedades eclesiásticas en el país.
En sus visitas anteriores -en 1979, 1990, 1993 y 1999- el Papa fue recibido oficialmente por el presidente de turno con un protocolo similar al que se utiliza para los jefes de Estado.
Desde la época en que se perfiló como candidato a la presidencia mexicana, Fox, un conservador de 60 años, siempre desafió esta tradición.
En una ocasión durante su campaña por la presidencia utilizó el estandarte de la imagen de la Virgen de Guadalupe, el máximo símbolo religioso del país, provocando protestas y polémicas.
Luego, tras ganar las elecciones de julio del 2000, en otro gesto que simbolizó el fin de los gobiernos surgidos de la revolución de 1910, sorprendió al país cuando se postró y comulgó ante la Virgen en la Basílica de Guadalupe antes de recibir la banda presidencial el 1 de diciembre de 2000.
Fox, en declaraciones a Televisión Azteca, defendió, el martes en la noche, su condición de católico practicante y destacó que uno de los cambios más notorios desde que asumió la presidencia es que ahora el jefe del Ejecutivo puede asistir a un acto religioso sin tener que esconderse.
Con el titular de "Se entrega México a Juan Pablo II", el matutino "Reforma" señaló que "Vicente Fox se ganó 300 años de indulgencia", según indica una costumbre centenaria de la Iglesia católica para los fieles que besan el anillo del Papa.