Como cada 1 de octubre, el plato favorito hoy en los mercados populares de Paraguay fue el "jopará", un guiso a base de poroto (judía) y maíz para ahuyentar la mala racha en el mes más difícil del año, según la tradición guaraní.
El "jopará" (mezcla, en idioma guaraní) suele ser acompañado con la también tradicional sopa paraguaya, una tarta salada de harina de maíz, y tiene mayor demanda en los comedores populares de Asunción y ciudades satélites.
Además, en un distrito de Luque, municipio del aeropuerto Silvio Pettirossi, Isidora Medina representa cada año al "Karaí (Señor) Octubre", recorriendo el vecindario con un andrajoso ropaje y una olla vacía al hombro.
La forma de ahuyentar a quien representa a la hambruna y la miseria en el imaginario popular es un suculento "jopará", cuyo guisado está compuesto por ingredientes que nunca faltan en hogares pobres, aunque los más pudientes suelen agregar chorizos, trozos de carne vacuna o patas de cerdo.
Algunos historiadores paraguayos consideran que esta tradición pudo haber sido introducida por los españoles, ya que los guaraníes no labraban la tierra, al igual que la costumbre importada de Italia de comer pastas con billetes debajo del plato, el día 29 de cada mes para atraer bonanza.
En el área rural, octubre está catalogado como un tiempo de transición entre el período de escasez de productos de la anterior cosecha, por lo que ante la llegada de la nueva recolección se realiza el conjuro gastronómico.
La interpretación más extendida es que la presencia de un plato de "jopará" en la mesa familiar es el antídoto para hacer frente a una época difícil, si se tiene en cuenta que octubre, además de no tener festivos es un mes improductivo en el calendario agrícola.
El "Karai Octubre" representa la miseria y se lo imagina ante los niños como un viejo con ropas de harapos, que se quiere instalar en las casas y la tradición también habla de que todo el vecindario pruebe el mismo plato para que el intruso no acabe rondando la zona.
Algunos estudiosos del folclore nacional, eminentemente oral, especulan que la costumbre podría deberse a un intento de los religiosos de la época de la colonia para advertir a los indios de la necesidad de almacenar alimentos para los momentos de adversidad.