El alejamiento de la diputada Elisa Carrió del Acuerdo Cívico y Social, principal fuerza opositora argentina, ha abierto una nueva brecha en la fragmentada oposición del país, que busca alianzas para enfrentar al oficialismo en las presidenciales del próximo año.
Carrió, que fue derrotada por Cristina Fernández en los comicios presidenciales de 2007, anunció el jueves su ruptura con el Acuerdo Cívico y Social, porque no está dispuesta a "transitar el fracaso estrepitoso de la Alianza" que en 1999 llevó a la Presidencia a Fernando de la Rúa.
La diputada, líder de la Coalición Cívica, comunicó su renuncia al Acuerdo Cívico, integrado además por la Unión Cívica Radical (UCR), el Partido Socialista y Generación para un Encuentro Nacional (GEN), a través de una carta enviada a varios dirigentes radicales, entre ellos Ricardo Alfonsín.
Analistas locales atribuyen la decisión de Carrió a la caída de su protagonismo político frente al crecimiento en las encuestas de Alfonsín, hijo del desaparecido ex presidente Raúl Alfonsín (1983-1989).
El anuncio de Carrió ha caído como un jarro de agua fría en la oposición, que trata de restarle importancia y confía en que, en los próximos meses, se recompondrán las relaciones para integrar un frente opositor al que la Coalición Cívica aportaría sus votos, entre un 3 y un 5 por ciento del electorado, una cifra menor pero que podría ser decisiva en una segunda vuelta.
El diputado Ricardo Gil Lavedra llamó a "no hacer una tragedia" de la decisión de Carrió y consideró que se trata "nada más de un encontronazo" que puede ser "transitorio y pasajero".
No obstante, Alfonsín reconoció hoy su "preocupación" por una actitud que "complica" la posibilidad de crear una amplia alianza opositora.
Tanto Alfonsín como el vicepresidente del país, Julio Cobos, cuyo enfrentamiento con el Gobierno de Cristina Fernández ha mejorado su imagen en las encuestas, y otros actores de la oposición, como el gobernador de Santa Fe, el socialista Hermes Binner, tantean estrategias para superar las diferencias internas y definir un bloque capaz de presentarse unido frente al oficialismo.
La maniobra no excluiría al llamado peronismo disidente, que mueve también sus fichas para no quedarse fuera de las jugadas electorales.
El ex presidente Eduardo Duhalde, antiguo valedor de Néstor Kirchner y hoy enemigo político declarado, trata de tejer una alianza entre los peronistas descontentos para desbancar a quien fue su sucesor en la Presidencia.
Para lograrlo, busca un acercamiento con Francisco de Narváez, un empresario de origen colombiano que asestó una dura derrota a Kirchner en las últimas legislativas, y habituales de la política local que no quieren alejarse del paraguas del poder, como Felipe Solá o Alberto Rodríguez Saá.
Duhalde ha llegado a coquetear con el conservador Mauricio Macri, el alcalde de Buenos Aires, procesado por un escándalo de espionaje que amenaza sus aspiraciones presidenciales, y, si fuera necesario, podría acercarse incluso al radical Alfonsín.
La fractura de la oposición es un regalo para el oficialismo, que se ha volcado en rentabilizar electoralmente la gestión del Gobierno de Cristina Fernández y ha optado por esperar a que se perfile el mapa político para tomar decisiones sobre su candidato.
Aunque hace meses Fernández llegó a comentar públicamente que no estaba dispuesta a repetir mandato, la presidenta parece haber cambiado de opinión a la vista de la mejora de su imagen en los sondeos y en las últimas semanas ha bromeado sobre la posibilidad de volver a aspirar a un cargo que también quiere su esposo, Néstor Kirchner.
"¿Por qué otro Néstor (Kirchner)? ¿No puede venir otra Cristina?", bromeó la presidenta durante un acto público a finales de julio.