Una coalición de diecinueve ONG instaron hoy a la comunidad internacional a que evite que los rebeldes ugandeses del Ejército de Resistencia del Señor (LRA) cometan por tercer año consecutivo una masacre de civiles durante las fechas navideñas.
Las organizaciones humanitarias y de derechos humanos afirman en un informe que el LRA se ha convertido en el grupo armado más veterano y sangriento de la región central de África por la brutalidad de sus ataques a poblaciones de la República Democrática del Congo (RDC), el sur de Sudán y la República Centroafricana.
Entre otras cosas, recuerdan que la guerrilla ugandesa asesinó a unas 300 personas en localidades remotas de los tres países entre el 16 y el 17 de diciembre del año pasado.
En 2008, lanzó una ofensiva de tres semanas en vísperas del día de Navidad en el noreste de la RDC y el sur de Sudán en la que perdieron la vida 865 hombres, mujeres y niños, mientras otros cientos fueron secuestrados por los rebeldes, explica el informe.
Además, las acciones de este grupo armado han obligado a que más de 400.000 personas abandonen sus hogares en los últimos cuatro años.
"Es increíble que los líderes mundiales sigan tolerando la violencia brutal que sufren algunas de las localidades más remotas del centro de África, y que se haya permitido que dure 20 años", lamentó en un comunicado el responsable de Oxfam en la RDC, Marcel Stoessel.
El cooperante aseguró que los habitantes del este de la RDC pasarán otra Navidad "aterradas" por la posibilidad de otra masacre, pese a la presencia en el país de cerca de 18.000 "cascos azules" de la misión de estabilización de la ONU (MONUSCO).
El informe también afirma que el LRA se ha convertido en el grupo armado más sangriento de los que operan en las convulsas provincias orientales de la RDC, ya que se le atribuyen unas 200 agresiones a la población civil en las que murieron más de 1.000 personas en 2009.
Según explica, las unidades del grupo rebeldes tienen una gran movilidad y suelen atacar a las mujeres cuando salen de sus poblaciones a buscar agua o trabajar la tierra, y a los niños los secuestra al regreso de la escuela para enrolarlos a la fuerza en sus filas.
Los ejércitos de Uganda, la RDC y del Gobierno autónomo del sur de Sudán trataron de erradicar a los guerrilleros en una violenta ofensiva en diciembre de 2008, pero no lograron capturar a ninguno de sus comandantes y el LRA cometió en los días posteriores la primera de sus "masacres navideñas".
En este contexto, el informe respalda las iniciativas puestas en marcha recientemente por la Unión Africana (UA) y Estados Unidos para encontrar maneras de proteger a la población civil, ampliar su acceso a la ayuda humanitaria y facilitar la deserción de combatientes del LRA.
Por ello, pide que estas acciones cuenten con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU, los gobiernos de la región y el apoyo financiero de los países donantes.
Representantes de la guerrilla y del Gobierno ugandés alcanzaron en abril de 2008 un acuerdo de paz para la desmovilización del grupo armado, tras dos años de negociaciones mediadas por el gobierno regional del sur de Sudán.
Sin embargo, el líder del LRA, Joseph Kony, se negó a firmar en el último momento el documento argumentando que no entendía los puntos referidos a "reconciliación y responsabilidad por el conflicto".
A partir de entonces se reanudaron las acciones militares de la guerrilla, que pretende instalar en Uganda un sistema de gobierno basado en los diez mandamientos bíblicos.
Kony y dos de sus lugartenientes han sido acusados formalmente por la Corte Penal Internacional (CPI) de 33 cargos de crímenes de guerra y contra la humanidad, incluyendo asesinatos, violaciones y secuestro de menores.
El conflicto de Uganda ha causado la muerte de decenas de miles de personas y el desplazamiento de cerca de dos millones de civiles, que viven en campamentos y dependen de la asistencia humanitaria internacional para sobrevivir.