Al Estilo Flamenco
[~sociales01-1.jpg~ Mitzi Navarro y Dilia De La Guardia. ]
[~sociales01-2.jpg~ Stella Marta Vallarino de Estripeaut y Reina de Barletta. ]
[~sociales01-3.jpg~ Salima Pérez, Jilma de Abadia y Desiree de La Espriella. ]
[~sociales01-4.jpg~ Sentadas: Nereyda de Restrepo, Vilma de Denis, De Pie: Denisse Basher, Jessica de Rodríguez y Marianela Alvarado. ]
[~sociales01-5.jpg~ Irene de Cardoze, Sonia Newman, Alexis de Lloyd, Claudia Ferrer y Emely Lacayo. ]
[~sociales01-6.jpg~ Maggie de Marotta y Carla Stanziola. ]
[~sociales01-7.jpg~ Melina Typaldos, Isabel Vergara, Sarita de Domínguez, Marilyn Domínguez, Saribel de Oliveira, Claudia de Castrellón y Carolina de Ramírez. ]
[~sociales01-8.jpg~ Lorena Arosemena y Lissi De Ycaza. ]
[~sociales01-9.jpg~ Norma Lacayo y Arianne Miró. ]
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Semblanzas: ¿Hacia dónde apunta este congreso de UIBA, cuáles son sus principales propósitos?
LMM: Yo me quedaría con la cohesión de las instituciones de la abogacía, de todo el continente, y de España y Portugal. Nuestra cohesión en la lucha por mantener vivo el espíritu de la Democracia y del Estado de Derecho, frente a la erosión, el declive o el desgaste que algunos fracasos ocasionales están dando a lugar, y desde esa cohesión afirmar los valores que puede aportar la abogacía. Por eso respaldar a nuestros compañeros panameños en la tarea de estructurar una ley de abogacía que les ayude y les conforte en la misión de que una abogacía espléndida con unas tradiciones magníficas como es la panameña, consiga estar bien articulada para servir a esos valores de la democracia. La organización de la abogacía en colegios tutela un valor esenciadísimo, que seamos independientes. Y no es independiente cuando cada abogado campando por sus respetos, a lo mejor es luchador y es valiente él por sí mismo, pero no tiene a todos sus compañeros alrededor para defender su libertad y su independencia. Es un valor tan esencial. La Institución allí donde no llega el individuo.
Semblanzas: ¿Cómo caracterizaría el papel de la UBIA en la región?
LMM: La UIBA cumple 30 años, 30 años en los que hemos reforzado el entramado de las organizaciones de abogados de Iberoamérica, que falta nos hace porque la ciudadanía necesita tener abogados en los que confiar, abogados luchadores, abogados que comprendan la tarea del abogado en la búsqueda permanente del Estado de Derecho, así que en esa tarea que comenzamos hace treinta años, en unas condiciones muy difíciles para toda Iberoamerica; la democracia estaba arrollada por las tiranías.
Semblanzas: ¿Cuáles han sido los principales logros en estos últimos treinta años?
LMM: En estos treinta años hemos trabajado todos juntos. Nuestra organización es la organización de los dirigentes de la abogacía, lo cual hace que nuestros trabajos, tengan una muy buena correa de transmisión hacia la abogacía de cada no de nuestros países. Hemos tenido que estar siempre muy pendientes, insisto, desde la situación absolutamente traumática en la que nacimos, precisamente para defendernos y defender a los ciudadanos en aquellas circunstancias, hasta la situación que luego ha sido muy esperanzadora: el despertar de las democracias, el despertar del Estado de Derecho y a la tarea que tenemos hoy en día, de hacer que no venga otro ocaso de la democracia; los titubeos de los sistemas democráticos en nuestro mundo iberoamericano son titubeos preocupantes que además hay que resolver desde la democracia y del Estado de Derecho.
Semblanzas: Las democracias fuertes exhiben sistemas de justicia fuertes, sin embargo en nuestra región los sistemas de justicia aparecen permanentemente cuestionados ¿Tiene que ver esto con la conducta de sus jueces, sus abogados, debe cambiar algo esto?
LMM: Nosotros los abogados los que postulamos siempre es que el aparato de justicia del que formamos parte esencialísima, (sin la postulación del abogado no hay juicio contradictorio), que esos aparatos de justicia den una mejor respuesta a la ciudadanía y no se la están dando, en varios planos. A nosotros nos concierne, sobre todo, que la gente confíe en los abogados, y para que la gente confíe en los abogados tenemos el sistema histórico de la colegiatura obligatoria que hace posible que la gente sepa que alguien que es abogado está sujeto a una regulación básica de su ética, a un control básico de su comportamiento y a unos principios exigentes. Porque el ciudadano cuando confía en su abogado necesita que este le de una buena respuesta, que por cierto no es necesariamente ganar su pleito, es defenderle bien en justicia, y obtener un resultado que sea fruto del juicio contradictorio con todas las garantías.
Semblanzas: Pero hay quejas insistentes contra los sistemas de justicia.
LMM: Es evidente que nuestros sistemas de justicia tienen mucho que mejorar, y nosotros tenemos que estar en esa batalla para ayudar a que mejore todo el sistema, aportando nuestra mejora permanente. Por eso este congreso aquí en Panamá, venti-tantos años después del primer congreso que celebramos aquí en el año 80, tiene por objeto que toda la abogacía de Iberoamerica, juntos, a lado de nuestros compañeros panameños, produzca una reflexión sobre estos valores y sobre la forma de hacernos eficientes y hacernos eficaces y que no caiga sobre la abogacía esa especie de sombra, de reproche que a veces nos llega, derivada alguna vez, será porque algún garbanzo de nuestro mundo nos hace daño a todos; pero sobre todo que es una sombra injusta, porque la cantidad de abogados leales, luchadores, que trabajan por el interés de su cliente, que somos, y resulta que algunas disfunciones del sistema parecen arrojar sobre nosotros la sombra de un reproche. Frente a eso tenemos que luchar y estamos aquí en Panamá para mostrar públicamente nuestra voluntad de enaltecer la calidad de la abogacía. Eso sí, desde un sistema legislativo que lo permita, porque la experiencia es que en los países donde existe un sistema consolidado y exigente de una abogacía colegiada, no hay ya corporativismo, lo que hay es entrega y servicio público desde la abogacía.
Semblanzas: “Reflexión y cosas que mejorar… el afianzamiento de la democracia ha hecho que el papel de los medios sea cada vez más fiscalizador de la labor de la justicia, sin embargo hay quienes encuentran obstáculos en el desarrollo de esta labor; la sociedad insiste en que nuestros sistemas judiciales tienen que abrirse un poco más y que el sistema tiene que hablar más allá de los fallos de los jueces…
LMM: Lo primero que habría que decir sobre este particular es que uno de los grandes avances de nuestra civilización es que la justicia sea pública, que se imparta en público, y eso quiere decir que tiene que estar abierta, porque lo contrario de la justicia pública es la justicia encerrada en las mazmorras y en los sub-sótanos de las instituciones, y eso no puede ser. Así que eso es un gran progreso. Otro elemento de este debate es el excepcional valor de la libertad de expresión. Por lo tanto ese es un valor, que no es que sea intocable, es que es un valor tan esencial que la reparación de los daños que puede llegar a ser tiene que ser una reparación que se practique ex-post y no ex-antes. Y la reparación expost por un sistema de responsabilidad adecuada; por lo tanto justicia pública y derecho a la información como un derecho pleno y prioritario, lo que hacen es que la justicia tenga que estar abierta. Otra cosa es el sentido de responsabilidad que han de tener los propios medios, y sus propios comités de redacción, la propia profesionalidad de los periodistas.
Semblanzas: ¿Incide negativamente el papel de los periodistas en esa fiscalización de la labor del sistema de justicia?
LMM: Yo siempre he dicho que el periodista es un centinela de una libertad esencial, la de expresión; el abogado es centinela de otra libertad esencial, la de defensa; pocas veces han de chocar, pero si alguna vez chocan habrá que conciliarlas, pero no erradicarlas ni rodearlas de prohibición porque son dos libertades sobre las que pivota la esencialidad de la Democracia; claro que a veces se producen distorsiones, no lo vamos a negar; distorsiones que no pueden llegar nunca a deslegitimar o erosionar el derecho de defensa de nadie, porque es tan sagrado como la libertad de expresión, pero la conciliación de esos dos valores, si algunas vez entran en tensión, es posible, con sentido de la responsabilidad por parte del aparato de justicia, por parte de los abogados y por parte de quienes tienen la alta responsabilidad de hacer buena la libertad de expresión.