Cada tipo de cereal está asociado a las costumbres de un área geográfica, así el maíz está ligado a las dietas alimentarias de las Américas.
Los cereales son la mayor fuente de fibra y almidones. El maíz tradicional, como el resto de los cereales, aporta también proteínas, lípidos y poca agua. No obstante, el maíz dulce es rico en hidratos de carbono, en vitaminas A, B y C, en fibra y en sales minerales como potasio, calcio y fósforo.
Así, por cada 100 gramos consumidos el maíz aporta al organismo 8.9 gramos de proteínas, 3.9 de grasas, 2 gramos de fibra dietética y 72.2 gramos de carbohidratos. A pesar de ser el más alto en grasa, su nivel de fibra es uno de los más elevados comparado con el resto de los cereales.
Los usos de este cereal son muy diversos, así las mazorcas se pueden consumir asadas o cocidas; es también habitual su presencia en ensaladas, su ingestión en el desayuno y, como no, la costumbre de comer palomitas durante una película.
Además, de los beneficios anteriores, el maíz tiene propiedades diuréticas si se toma como infusión y es componente en ciertos aceites, "aceite de maíz", y jarabes.
Su alto contenido en hidratos de carbono de fácil digestión, lo convierten en un alimento ideal para los niños y los deportistas.
Aconsejable en personas con deficiencia de Magnesio.
Su harina es idónea cuando existen problemas de alergia o intolerancia al gluten.
Las sedas o estigmas de maíz son utilizadas como infusiones diuréticas, excelentes en la hipertensión, en la retención de líquidos o cuando queremos aumentar la producción de orina como en las infecciones urinarias.
Su aporte en fibra favorece la digestión y reduce el colesterol.