Cada vez son más las viviendas que cuentan con una piscina como elemento para el esparcimiento de niños y adultos. Sobre todo en muchos proyectos habitacionales, este complemento, antes considerado de gran lujo, está pasando a ser algo habitual en el sector residencial.
Pero no todo en las piscinas es pura diversión, porque también hay que tratarlas con mimos para que las condiciones de su uso sean las óptimas, y se pueda disfrutar de ellas con todas las garantías. No es sólo una cuestión estética (que el agua sea cristalina y brillante), sino que también de salud.
Una piscina puede convertirse en un foco de infecciones si no se trata correctamente.
Para evitar problema, lo mejor es contratar los servicios de una empresa de mantenimiento, que por una cantidad mensual, nos garantiza que nuestra piscina estará siempre perfectamente, evitándonos todas las dificultades. Pero también podemos hacernos cargo nosotros mismos.
Básicamente, hay dos tipos de tratamiento para el agua. El más sencillo y tradicional es el químico: aplicar una serie de productos que desinfecten y conserven el agua.
El primero de ellos es el cloro. Evita que el agua se pueda poblar de microorganismos, evitando posibles infecciones y, además, consigue el efecto de transparencia y limpieza que buscan todos los bañistas.
La cantidad a diluir depende de muchos factores, como el calor, la lluvia que haya caído, o el número de personas que hayan usado la piscina, por poner unos ejemplos. Como medida orientativa, se podría decir que basta con diluir 20 gramos de cloro por cada 15 metros cúbicos de agua, cada cinco o seis días.
Por supuesto, este producto se vierte a la piscina en un momento en el que no haya nadie; de lo contrario se pueden producir molestos síntomas, como picazón fuerte en los ojos y piel, o incluso quemaduras si la concentración de cloro es muy ele+vada.
Además del cloro, hay tres tipos de productos más que deben incluirse en todo mantenimiento de piscinas. El primero es un alguicida. Habría que mezclarlo, de forma orientativa, cinco gramos por metro cúbico de agua, cada quince días.
Otro, es el floculante, que disolverá las pequeñas partículas en suspensión que acumulan las piscinas por su mera exposición al aire. Cada quince días habría que aplicar 10 gramos por metro cúbico.
Además de los químicos, si queremos que la piscina funcione de la mejor manera posible, una opción es la instalación de un purificador de agua en el sistema de filtración. Su funcionamiento se basa en las propiedades del oxígeno activo o el bromo, y sirve para eliminar hasta el 90% de los productos químicos y mantener el agua en condiciones.
Por último, es la limpieza de los fondos y paredes. Una vez que la piscina está en funcionamiento, este proceso puede llevarse a cabo con un sencillo barredor manual, que es una especie de aspiradora que se pasa por todas las superficies, eliminando la suciedad que se pega, sobre todo en las junturas.
Una alternativa es depurar el agua durante todo el año: así se ahorran problemas. También se puede utilizar un producto de hibernación, que evita que crezcan algas o se reproduzcan organismos en el agua. Este producto debe aplicarse dos veces al año: al iniciarse la época lluviosa y cuando se aproxima el verano.