Para hablar de “desarrollo urbano” se hace necesario conocer el término con exactitud.
Con esta introducción la arquitecta Laura Candanedo inició la conferencia – debate titulada ¿Qué desarrollo urbano queremos para Panamá?, un tema confuso para la mayoría de los ciudadanos.
El concepto se vuelca hacia un proceso de cambios coherentes y ordenados de todas las estructuras. El desarrollo urbano comprende la acción del hombre para ordenar actividades y relaciones humanas en un espacio territorial llamado ciudad. Esta intervención busca como principio, que todo este movimiento de grupos diversos de población que componen la ciudad se desarrollen armónicamente y no actúen en permanente conflicto.
Sin embargo, para ello es necesario elaborar un Plan Ordenador que evalúe las condiciones de todos los sistemas de infraestructuras como transporte, incluyendo aéreo y marítimo; acueductos, drenajes pluviales, aguas residuales, electricidad y telecomunicación.
De igual manera establecer soluciones y planes de ejecución para que estos sistemas bien estructurados permitan un desarrollo urbano sostenido, armonioso, de beneficio para los ciudadanos y su ambiente.
Pretender que la ciudad funcione óptimamente sin estos sistemas, resulta una idea ilógica.
Radiografía panameña
“Construcción y desarrollo urbano no son sinónimos”, describe Candanedo, quien en su intervención también ahondó en cómo la organización política y gestión administrativa afectan el desarrollo.
En nuestro país ha proliferado la construcción de edificios, incluso en espacios en donde las leyes y normas restringen su edificación.
Sin lugar a dudas, este crecimiento responde a improvisación y no a un Plan Metropolitano que existe y no se utiliza, y por el que Panamá pagó 4.5 millones de dólares.
“Si queremos encontrar soluciones a situaciones, se requiere un análisis sin temor a lo que encontremos y enfrentarlo”.
Con casos específicos como el edificio No.41 en Ancón, Punta Pacífica, Cerro Ancón, entre otros, la arquitecta diagnosticó las condiciones deplorables de la estructura de gestión administrativa, al no aplicar leyes y emitir permisos que obstaculizan e impiden un verdadero desarrollo, promueven desigualdad y ponen en peligro a bienes y personas.
Aunado a eso, la organización política ha promulgado leyes que violan la Constitución, y desarticulan la administración de la ciudad al quitarle facultades administrativas y de inversión a los municipios.
“Ejemplos de esta situación son la Ley 9 que crea el MIVI, las actividades del MOP, IDAAN y otros, que no responden a una planificación de la ciudad, realidades inaceptables en un ordenamiento territorial”.
Como ciudadanos nos beneficia la planificación estructural, pero hoy en día somos presa del crecimiento sin control que responde a presiones e interéses de grupos y a arbitrariedades de funcionarios, afirmó Candanedo.
¿La mejor prueba? Conflictos e incomodidad por todos lados.
El llamado “desarrollo” se expande
Todos somos testigos de la transformación de la ciudad capital, y más allá de los interéses de los involucrados (nacionales y extranjeros), el confuso desarrollo crecerá y se seguirán levantando obras en cualquier lugar sin importar el daño de áreas necesarias para nuestra subsistencia y bienestar.
“Se están devastando hectáreas de manglares en Don Bosco y otros lugares; incluso vistas de mar y de zonas verdes y bosques, que nos pertenecen a todos”, manifestó.
Este mismo crecimiento desordenado y arbitrario está ocurriendo en toda la República.
En términos generales surge una pregunta radical, ¿podemos realmente preguntarnos qué tipo de desarrollo urbano queremos para Panamá, sin ordenar lo que está obstaculizando ese desarrollo?
En palabras de la entrevistada, la respuesta surge: “sin ordenar, estaríamos emitiendo sueños y maquillando la ciudad".
Arquitecta Laura Candanedo.
Proyecto. Vista panorámica de la Avenida Balboa, lugar en que se ubicará la cinta costera.