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Dormir poco daña la salud a largo plazo

La privación de sueño influye en el desarrollo de hábitos de vida poco saludables, concluye un estudio.


Que dormir bien es crucial para mantener una buena salud no es ninguna novedad.  Numerosos estudios ya han demostrado que es tan importante como comer o respirar. Resulta una cura intensiva a todos los niveles para el organismo que durante las horas de sueño se encarga de reforzar el sistema inmunitario, de reparar los músculos y tejidos dañados; recargarnos de energía y de poner a las neuronas a punto para seguir aprendiendo nueva información. 

Nuestra calidad de vida depende, en definitiva, de la calidad del sueño y los problemas para dormir están relacionados con problemas de salud como la diabetes, la hipertensión, la demencia y el infarto. Ahora un grupo de investigadores de la Universidad de Copenhague han descubierto que dormir mal afecta a nuestros hábitos y estilo de vida, y no de forma positiva.

Este equipo de científicos especialistas en el sueño realizaron un estudio con 35,000 adultos, a los que dividieron en diferentes grupos y siguieron una media de cuatro años. El objetivo era analizar de qué manera la calidad del sueño influía en la conducta a largo plazo de los voluntarios. Acaban de publicar sus conclusiones en el International Journal of Epidemiology.

 

“Este estudio muestra que dormir afecta a nuestra capacidad para mantener un estilo de vida saludable. Hemos visto que cuando se deteriora la calidad del sueño, somos en general más proclives a realizar cambios en nuestros hábitos diarios poco saludables”, resume Alice Jessie Clark, investigadora del Departamento de Salud Pública de la Universidad de Copenhague .

Así, comprobaron que, en general, aquellas personas que solían dormir sin problemas, también acostumbraban a mantener un estilo de vida más saludable que aquellas que tenían una calidad deteriorada de sueño. Por ejemplo, se percataron de que aquellos participantes que eran fumadores y tenían un patrón de descanso normal, con noches plácidas sin interrupciones, tenían más probabilidad de dejar de fumar en los siguientes cuatro años  en comparación con quienes dormían menos horas o se despertaban con frecuencia.

Una de las correlaciones interesantes que arroja el estudio es que aquellos que sufren serios problemas para dormir muestran un riesgo incrementado de desarrollar conductas contrarias a lo que hacían antes de padecer los problemas de sueño, como acabar tomando alcohol, llevando una vida sedentaria o desarrollando sobrepeso o incluso obesidad.

 

Este estudio es una colaboración entre investigadores del sueño y epidemiólogos de Dinamarca y Finlandia. Para llevarlo a cabo, los expertos establecieron una serie de criterios estrictos para incluir o excluir a los voluntarios en cada una de las fases con el objetivo de poder separar de forma clara cuándo comienzan los problemas de sueño y cuándo se produce la modificación de conducta.

En este sentido, para determinar si la falta de sueño influye en nuestra tendencia a volvernos más sedentarios, los investigadores siguieron durante cuatro años a un grupo de participantes que dormían sin problema y practicaban ejercicio. A aquellos que comenzaron a experimentar alguna dificultad para conciliar el sueño, los continuaron siguiendo, para ver si dejaban de hacer deporte. Y compararon los resultados con los del grupo que dormían sin problemas y los de aquellos que experimentaban un incremento en las interrupciones del sueño.

“Es importante conocer mejor la importancia del sueño, no solo a nivel de reconstituyente biológico, sino también a la hora de tomar decisiones saludables respecto a nuestro estilo de vida. Esa información puede hacernos tomar mejores decisiones, como si priorizar quedarnos hasta tarde respondiendo emails de trabajo, o navegando por las redes sociales, o por el contrario optar por irnos a la cama para tener un buen descanso”, concluye Clark, coautora del estudio.


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980216
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América