Estas dos características son, no cabe duda, las que deben primar a la hora de elegir la encimera de la cocina. La mayoría de los alimentos se tratan en ellas, por lo que el material deberá ser fácil de limpiar e higiénico; además, el trasiego de la cocina obliga a que las encimeras resistan todo tipo de golpes, arañazos y cortes.
Aunque también por encimera se entiende el conjunto de fuegos para cocinar, aquí hacemos referencia a aquella "superficie plana, de material resistente, que forma una superficie sobre los muebles de las cocinas y cuartos de baño", como bien lo define la Real Academia Española.
Aunque generalmente las encimeras se utilizan en la cocina y en el baño, también se pueden colocar en otras superficies de la casa, ejemplo: muebles acabados en piedra natural, e incluso a las escaleras, a modo de revestimiento.
A la hora de darle el acabado a las encimeras, hay que tener en cuenta la forma que tendrá el borde, es decir, cuál es la forma en la que acaba el saliente de la encimera. Lo más frecuente son los cantos rectos (de formas cuadradas) o redondeados, ya sean de un cuarto de circunferencia o de media (en estos casos se denomina de medio baquetón o baquetón, respectivamente). Otras opciones son el biselado, canto chaflán, o el canto de forma pico flauta redondeado; todos con sus variantes agruesadas; y la versión antigoteo, con un saliente superior para evitar que los vertidos de líquido caigan al suelo.