Lo primero, es seleccionar los cuadros que más le guste o más se presten para la decoración y economía. Segundo, es conocer el modo de distribuirlos y colgarlos. Según el efecto que quiera obtener, puede usar un solo cuadro grande o mediano en una pared, o combinar varios pequeños. Si se decide por este último, no los coloque al azar. Agrúpelos en arreglos con forma definida (cuadrada, rectangular, ovalada, etc.), aunque sea irregular, para lograr una mayor armonía.
En todo caso, recuerde que lo mejor es colgarlos al nivel aproximado de la vista, y que esto varía de una habitación a otra. Por ejemplo, los cuadros en un vestíbulo, donde generalmente se camina o se está de pie, deben estar a un nivel más alto que en la sala, donde se permanece sentado, que es lo más usual (al colgarlos tras el sofá, por cierto, asegúrese de que no queden ocultos por las personas que se sienten).
No se limite, por otra parte, a la pared tras el sofá. Los cuadros se ven fabulosos como complemento de butacas, mesas, repisas y armarios.. Observe, sin embargo, que si hay mucho espacio entre la superficie del mueble y el borde del cuadro, es una buena idea "llenarlo" con otros adornos y accesorios.
No deje que el polvo se acumule en los cuadros. Páseles un paño periódicamente para desempolvarlos.
* No atomice un limpiador directamente en el cristal ni en el marco, ya que puede llegar hasta el mismo cuadro y dañarlo.
Humedezca un paño con el limpiador, páselo por el cristal y el marco y seque con un paño limpio.
No cuelgue los cuadros cerca de intensas fuentes de calor.
No los cuelgue tampoco en el baño. La humedad daña los cuadros y ayuda a la aparición de mohos.