varidades

Fiesta Nacional de España


[~socialest-1.jpg~ José Rodríguez, Angelica de Rodríguez, Edelmiro García.]
[~socialest-2.jpg~ José Sobrino, Lilia de Sobrino, Noel Riande y Jenny de Riande.]
[~socialest-3.jpg~ Hilda de Fernández, Mary de Casco Arias.]
[~socialest-4.jpg~ Terence Ford y Samuel Robles.]
[~socialest-5.jpg~ Nita de Orillac, Alfredo Orillac y Maricarmen Calonge.]
[~socialest-6.jpg~ Jorge Luis Alemán, Dorita de Pérez Balladares y Marie de García de Paredes.]
Tenemos que recordar que, al darse el traspaso del Canal el 31 de diciembre de 1999, había 97 por ciento de fuerza laboral panameña capacitada y competente en tanto que el 1° de octubre de 1979, cuando entraron en vigencia los Tratados Torrijos-Carter, todavía más de 35% de la fuerza laboral en las posiciones claves estaba en manos extranjeras; tenemos que recordar también que el Canal llevaba dos años de un profundo proceso de ampliación de su capacidad mediante una inversión de más de mil millones de dólares, y también tenemos que recordar que estaban vigentes tanto el Título Constitucional del Canal que crea la Autoridad del Canal de Panamá como la ley que regula su funcionamiento. Esa transición efectiva, esa planificación a largo plazo no llovieron del cielo. Eso fue obra nuestra, fue trabajo de panameños que luchamos por eso. Fue obra de todos los que efectivamente se capacitaron para hacerlo mejor que Estados Unidos. Fue obra también de todos los partidos políticos como lo comprueba el voto unánime que le dio vigencia al Título Constitucional del Canal y a la ley que regula su funcionamiento.
Desde hace más de veinte años he visto hasta qué punto el Canal se acerca al tope de su capacidad, y los panameños no podemos dejar que esa obra deje de funcionar como lo exige la realidad del comercio mundial. He visto cómo a través de los años ha sido necesario ir aumentando continuamente y de distintas maneras la capacidad del Canal con profundizaciones de su cauce, del Lago Gatún y de las entradas por el Océano Pacífico y por el Océano Atlántico, con ensanches del Corte Culebra, con la dotación de nuevos y más modernos remolcadores y nuevas locomotoras, con luces especiales, con estaciones de amarre en los Lagos Gatún y Pedro Miguel y otras medidas de ayuda a la navegación y de otras cosas, pero todas, repito, encaminadas a aumentar la capacidad de tránsito por el Canal con seguridad. Pero a todo eso ya no podemos añadir mucho más para aumentar sustancialmente la capacidad del Canal porque las esclusas son como embudos que fijan la cantidad y el tamaño de los barcos que pueden pasar.
La capacidad máxima del Canal es de 320 a 330 millones de toneladas, y ya estamos bordeando esa cifra, porque en cinco o seis años, según todos los estudios, esa capacidad estará llegando a su límite, y la construcción del tercer juego de esclusas debe terminar en ocho años. Es preciso tener claro que el Canal no cobra por barco, no es la cantidad de barcos que pasan lo que determina los ingresos del Canal. El Canal cobra por tonelada, y eso nos obliga a pensar en términos de toneladas. Más toneladas, más dólares, más dólares, más progreso posible, y el nuevo juego de esclusas prácticamente duplica la capacidad que el Canal tiene actualmente pero no sólo para barcos más grandes, sino también para más barcos.
Pero el espacio de un periódico es siempre escaso, así que pasemos a lo medular. ¿Conviene o no conviene la ampliación del Canal? ¿Conviene ampliarlo ahora o podemos esperar unos cuantos años más antes de decidir? Talvez, lo que es más importante para todos, ¿es o no conveniente la propuesta que va a ser sometida a votación en el referéndum?
Dentro del pasado que va desde la separación de Colombia, al Tratado Arias-Roosevelt, al Tratado Remón Eisenhower, al 9 de enero, los Tres en Uno y finalmente a los Tratados Torrijos-Carter, hay mucho de heroísmo real y de sacrificios reales, como también hay mucho que quizás pudo ser mejor, pero nadie puede negar que todo eso es cosa del pasado, pero no sólo cosa del pasado a secas, porque el Canal llegó a ser nuestro. Ese maravilloso curso de acontecimientos nos dio la facultad de poder decidir nosotros mismos qué es lo que vamos a hacer con la principal riqueza que tenemos como nación y como pueblo.
La ampliación es necesaria porque, como he dicho anteriormente, ya el Canal con las esclusas actuales no podrá conservar la importancia que tiene para el comercio mundial, y desde hace muchos años el comercio mundial ha estado creciendo y va a seguir creciendo. Eso lo dicen todos los estudios, no sólo de expertos extranjeros y expertos panameños sino de los mismos dueños de barcos porque ése es su negocio. Hay que aumentar otra vez la capacidad del Canal, hay que ampliar el Canal y hay que ampliarlo ya.
Pero resulta que eso ahora no lo deciden ni los ingenieros ni los políticos ni los navieros estadounidenses, sino que tenemos que decidirlo nosotros. Ahora somos nosotros los que decidimos. Ya no es Washington ni es ninguna potencia sustituta, sino nosotros mismos. De eso se trata el referéndum y es eso lo que van a decidir nuestros votos en el referéndum.
Ha habido planes y proyectos de ampliación a través de un tercer juego de esclusas desde 1939, pero la decisión no la podíamos tomar nosotros. Eso era potestad del gobierno de Estados Unidos.
Cuando se hizo la ampliación de la Calle 50, de la Vía Israel o de la Transístmica, cuando se hicieron sucesivamente las ampliaciones de la Carretera Interamericana, todo el mundo sabía que eso se debía a mayor tránsito, a mayor necesidad de capacidad de tránsito.
Lo mismo ocurre con el Canal. Si más vehículos pasan por una calle o por una avenida, hay que hacer la calle o la avenida más ancha, es necesario que tenga dos carriles o paños en vez de uno o hay que hacer tres o cuatro en vez de dos.
Actualmente hay filas para pasar por el Canal, e incluso hay barcos que pagan mucho más que los peajes normales porque su carga no permite espera, y prefieren pagar más y están dispuestos a pagar más, lo que es una prueba adicional de la necesidad de la ampliación porque es imperativo añadir un juego de esclusas más grandes de entrada y de salida, y de eso se trata el proyecto de ampliación.
Con el nuevo juego de esclusas el Canal podrá manejar casi el doble del tonelaje que maneja actualmente, y resulta que el Canal cobra por tonelada. O puede manejar más tonelaje o se queda como está, con el riesgo de que los planificadores de nuevos barcos de carga los diseñen para otras rutas o incluso que surjan otras rutas, o que las rutas que ya existen se adapten a las nuevas exigencias, todo lo cual iría en perjuicio del Canal de Panamá y de todos los panameños.
Ahora bien, si vamos a ver este proyecto como una empresa común de la nación panameña y de todos los panameños, también tenemos que comenzar a pensar en el uso que se dará a esos mayores ingresos y a la forma como va a crecer la economía. Tiene que haber mejor educación comenzando desde la primaria y la formación de los maestros de primaria, tiene que cumplirse el mandato constitucional de salud igual para todos, tiene que haber justicia real para todos y la infraestructura necesaria. El voto afirmativo en el referéndum lleva consigo esa exigencia para este gobierno y para todos los gobiernos que sigan, y toda la clase política y toda la sociedad.
Después de un NO, el país no será el mismo que después de un SÍ. Un NO significa aceptar la realidad que tenemos actualmente. Un SÍ es una esperanza concreta de un país mejor.
El Dr. Fernando Cardoze Fábrega nació en Panamá en 1937. Hizo sus estudios universitarios en la Universidad de Duke y en la Universidad de Harvard. En Duke recibió el título de Bachelor of Arts en Economía (equivalente a la licenciatura), magna cum laude, en junio de 1959. Es miembro de la sociedad honoraria académica nacional de los Estados Unidos Phi Beta Kappa. En Harvard recibió el título de Juris Doctor (Doctor en Derecho) en junio de 1962. También obtuvo un Doctorado en Derecho de la Universidad de Madrid en noviembre de 1963.
Desde entonces hasta ahora, se ha dedicado al ejercicio de la abogacía en la firma panameña Arias, Fábrega & Fábrega, con la única interrupción del lapso entre octubre de 1984 y mayo de 1985 cuando ocupó el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores de Panamá. Fue admitido como socio en dicha firma en 1971, y es actualmente su Socio Principal.
Además de su práctica profesional, ha sido: Miembro Alterno del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores (1964-1968), Profesor de Economía en la Universidad Santa María La Antigua (1968-1970); miembro del Consejo Nacional de Inversiones (1982-1984); miembro de la Junta Directiva de la Comisión del Canal de Panamá (1983-1985) y (1995-1999); miembro de la Autoridad del Canal de Panamá (1997-2000) y miembro principal del Consejo Nacional de Relaciones Exteriores (1990-1994) y (1996-1998).


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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