La actividad incluyó pinturas, objetos de arte y antigüedades a subastar. [~socialest-1.jpg~ María Teresa de Iovane e Inés de Zanetti, presidenta de la Fundación San Felipe. ]
[~socialest-2.jpg~ Meliton Arrocha y Ana Mae de Arrocha. ]
[~socialest-3.jpg~ Jenny de Araya, Robert St John y Lucy de Aizpurúa. ]
[~socialest-4.jpg~ Ramón Alemán, Luis Carlos Araúz y Ricardo Gago. ]
[~socialest-5.jpg~ Cuqui de Navarro, Any Motta y Eduardo Navarro. ]
[~socialest-6.jpg~ Etzel De Araujo, Marta de Dutari y Raquel de Díaz. ]
[~socialest-7.jpg~ Patricia García, Olga Koumanis y José Luis César Cort. ]
[~socialest-8.jpg~ Matilde De Oabrrio de Arosemena y Ana Mae Arosemena. ]
[~socialest-9.jpg~ Mireya de Fabbroni, María Luisa de Hoffman y Pilar Fernández de Illueca. ]
[~socialest-10.jpg~ Paola Schmitt, Alberto Motta y Loraine de Motta. ] En varios países de la región se han encarado reformas de los sistemas de salud, con el objetivo -según sus impulsores- de romper con la desigualdad. Para sus detractores, ampliarán la brecha entre los que pueden contar con una buena salud y los que no.
Chile es uno de los países que ha llevado adelante una gran reforma de la salud, a través de la implementación del plan de Acceso Universal con Garantías Explícitas (AUGE), destinado a los usuarios del servicio público. Sobre sus resultados y la respuesta que ha generado, Gilberto Villarroel escribe desde Santiago de Chile.
Entre los varios objetivos hay todo un apartado dedicado a salud. Incluye la reducción de la mortalidad materna y la mortalidad infantil; el control de enfermedades endémicas como el VIH
SIDA, el paludismo y la tuberculosis; y la prestación de servicios de salud (incluido el acceso a los medicamentos esenciales).
También definió objetivos que no son específicamente de salud pero que tienen un alto impacto sobre esta, como el acceso a los servicios de agua potable y saneamiento; y la reducción de la pobreza, el hambre y la malnutrición.
El abastecimiento de agua es un factor determinante en la calidad de salud. En América Latina y el Caribe un 11% de la población no tiene acceso a este recurso básico -un 31% en las áreas rurales-, y un 26% no accede a servicios de saneamiento.
Pero no todas son malas noticias. Algunos de los ODM están en vías de cumplirse en la región: entre 1990 y 2003 la mortalidad infantil bajó un 40%.
No obstante, estas mejoras no se han dado de igual manera en todos los países, ni entre diversos grupos sociales o regiones al interior de los países, lo que da razones para reconocer que la inequidad no ha sido superada. El problema de fondo en estos países sigue siendo la falta de acceso y de equidad. El cumplimiento de los ODM requiere que América Latina y el Caribe se vuelvan más justas. En muchos de los aspectos vinculados con la salud, parece ser un horizonte aún lejano.
En la región hay menos de 2 médicos cada 1.000 habitantes. Además, por cuestiones de accesibilidad muchas personas no puedan llegar hasta ellos. En algunos países la cifra de médicos es muy inferior: 0, 25 cada 1.000 habitantes en Haití; 0, 76 en Bolivia; 0, 56 en Paraguay.
Peor es lo que sucede con las enfermeras, que deberían ser más que los médicos, puesto que son quienes funcionan de sostén -especialmente- de los pacientes internados. Hay 8, 2 cada 10.000 habitantes, en toda la región.
Las camas hospitalarias también son insuficientes. Eso significa que no todos los pacientes que las necesitan las tienen. Hay 1, 9 cada 1.000 habitantes. Aunque en El Salvador son apenas 0, 5 y en Guatemala 0, 7.
Y si la salud y el acceso a los servicios que la cuidan y promueven son derechos y objetivos a cumplir, también son condición de posibilidad del desarrollo global de las sociedades.
Pueblos con buena salud tienen mejores condiciones para trabajar, crear y crecer.