La iglesia y convento de La Merced, que data del siglo XVII, luce como nuevo tras 16 años de trabajos de reconstrucción y restauración que han convertido a esta joya en uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad peruana de Cuzco.
Declarado "Monumento Nacional" en 1972, La Merced cuenta con uno de los claustros barrocos más bello de América, obras pictóricas únicas de la escuela cuzqueña y joyas de un valor incalculable, según los restauradores. Está construido en piedra tallada, artesonados de cedro y una gran colección de lienzos que recrean las vidas del fundador de la orden mercedaria, San Pedro Nolasco, y San Agustín.
Para reconstruir los murales, los especialistas tomaron una a una cada muestra de pintura esparcida por la celda, cuya bóveda estaba parcialmente derrumbada.
Una de las salas más llamativas es la que alberga las joyas, entre ellas la custodia o "expositorio del Santísimo", una gran cruz sobre pedestal en oro macizo proveniente de las minas bolivianas de Potosí y peruanas de Cuzco.
La pieza cuenta con 1.518 piedras preciosas entre rubíes, esmeraldas y topacios, además de 615 perlas, una de ellas con forma de sirena y considerada la segunda más grande del mundo.
Este "santo grial", de 1, 30 metros de altura, salió en procesión cada año en Corpus Christi hasta 1949, cuando se decidió que por su incalculable valor mejor mostrarlo sólo desde la vitrina.
El vetusto conjunto de La Merced ha debido esperar muchos años para recuperar su esplendor del pasado, pero hoy es uno de los referentes culturales y turísticos de la antigua capital del Imperio Inca.